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Paco Jémez, flamenco, polémica y fútbol

El exdirector técnico del Rayo Vallecano se ganó el reconocimiento del fútbol español por su propuesta desenfadada. Nació en Gran Canaria, hijo de un 'cantaor'.

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Paco Jémez, flamenco, polémica y fútbol
Pepe TorresEFE

La vena artística de Paco Jémez, hijo del 'cantaor' de flamenco Lucas de Écija, influyó en su valoración de las experiencias de vida. Sobre el fútbol, la pasión de su vida, junto a su familia, ha volcado su ideario: si el juego trasciende, ganar es una nimiedad, "No quiero ganar un solo punto que mi equipo no merezca", apuntó en alguna ocasión a La Razón. El fútbol, antes que nada, es una experiencia estética. Es emoción, arrebato, arrojo. Es el grito, la sublimación de la adrenalina a través del sudor, el escalofrío recorriendo el cuerpo. 

Pablo Iglesias, líder del partido político español Podemos, le describió a cabalidad en una entrevista en El Larguero, en la que coincidió con Jémez: "Le admiro mucho (...) Le gusta jugar bien al fútbol, independientemente del equipo. En política, puede jugar bonito y se puede jugar limpio. Me gustaría parecerme a Paco". Nació en Gran Canaria, donde su padre cumplía un contrato de tres meses en un salón de flamenco; creció en Córdoba, secundado por la Mezquita, masticando su acento cerrado, investido con la 'blanquiverde' del club de la ciudad durante los primeros años de su carrera como futbolista. La Coruña, Zaragoza, Murcia y, cómo no, Vallecas, también lo vieron transitar por sus campos. Más corajudo que bello. La 'casta' como un concepto rector de su credo. Profesó con él. 

"El pase largo es un recurso, no un estilo de juego". Es la frase que mejor define el método Jémez, impregnado de alusiones estéticas, y una meta edificante: la trascendencia. Previo al Barcelona-Rayo de la temporada 2015-2016, declaró, arrojado e idealista, que su satisfacción dependía de la puesta en escena de su equipo, no del resultado: "Quiero que lleguemos al vestuario y nos demos un abrazo y nos felicitemos por el trabajo que hemos hecho, independientemente del resultado. Quiero ver a mi equipo mirar la portería contraria, crear ocasiones y ver cómo defiende a los mejores del mundo. Es un partido para disfrutar". El gozo. La sensibilidad. Como un cante jondo desgarrador.

El audacia de Jémez ha rendido frutos. En la temporada 2012-2013, su Rayo Vallecano capturó el 8° sitio de la liga española, lo que en teoría le había conferido un boleto para competir en la Europa League, pero la UEFA denegó la invitación por deudas con Hacienda. Antes, en 2010-2011, evitó in-extremis el descenso de Las Palmas a la Segunda División B. Venció al Athletic de Bielsa en San Mamés, le robó la posesión al Barcelona de Martino y Luis Enrique, torturó al Madrid de Ancelotti, quien le rindió pleitesía al final del encuentro. Muchas victorias simbólicas. Ningún máximo honor, hasta ahora. 

El arrojo también ("hacer las cosas sin pensar qué va a venir después") también le ha conferido algún desatino. La intrepidez no se conjuga con la diplomacia. Casi llegó a los golpes con el guineano Lass Bangoura, después de que el atacante le reclamara su sustitución. También cuestionó la legalidad del puesto de Zinedine Zidane cuando el francés era técnico del Real Madrid Castilla, aunque existían las sospechas de que aún no había completado su curso como técnico: "No le considero un compañero, porque no está titulado". Después no reculó, sino que añadió gasolina al fuego: "Si le falta poco para sacar el título, no puede entrenar en España"; luego, reviró al periodista que lo había cuestionado: "Corre a decírselo a Ancelotti". 

"Volando voy, volando vengo / Por el camino, yo me entretengo". Guitarro y desgarro. El soundtrack de Paco Jémez. 

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