Casi un sábado cualquiera

Creí que nunca llegaría a pronunciar algo así (yo que siempre fui radical en el respeto a la máxima rivalidad y llevé mal las frases tibias en un derbi), pero esta vez me parece un partido más. O sea, no, claro, es el Atlético contra el Madrid, el paraíso de la enemistad vecinal, y además con bastante en juego, pero sí, un sábado cualquiera. No veo que se dirima el ánimo de la oficina, la escuela o la cafetería, la temperatura emocional de la ciudad.

Es verdad que son duelos de nuevo reñidos, incluso teñidos de una superioridad rojiblanca en el ámbito doméstico. Nada que ver con esos largos tramos de complejo, en los que, como le contó Perea a Pepo, “era casi evidente que el Madrid iba a ganar”. Pero no vuelan igual sobre la calle.

O eso me parece. Quizás es el progreso del paladar, mal acostumbrado con dos finales de Champions casi consecutivas entre los dos polos de la capital. La Liga hoy sabe a poco. La insignia o la herida hablan de Europa. Y no se van de la cabeza. Ésa es la estadística que prevalece, las cuentas que ajustar o agrandar. La deuda de un derbi en otra final. Reencontrarse en Cardiff. Pero no me malinterpreten. Que mañana ganen los míos, los de cada cual, sigue siendo un asunto innegociable.