RACISMO | ESTADOS UNIDOS

Charlotte, Jordan, Newton y la tensión racial que la ahoga

A pesar de los esfuerzos que han hecho sus equipos deportivos (Hornets y Panthers), Charlotte ha cedido ante las diferencias raciales y la violencia policial.

México DF
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Charlotte, Jordan, Newton y la tensión racial que la ahoga
MIKE BLAKE REUTERS

Charlotte. El “Nido de Avispas” que describió el marqués de Cornwallis al rey Jorge III mientras sus tropas imperiales se batían contra el ejército de las Trece Colonias por el control de la ciudad durante la Guerra de Independencia; mote acuñado por su fiereza, su bravura, territorio inconquistable, capaz de prenderse fuego a sí misma antes de que un batallón foráneo desfile campante por sus calles. La Charlotte multicolor, siempre sometida al fuego lento, siempre entre la mixtura de sus pigmentos o la lumbre.

El 45% de caucásicos y el 35% de afroamericanos que habitan en el ‘Nido de Avispas’ (según datos del censo de 2010), convierten a Charlotte en un polvorín que solo necesita de una chispa; la tradición racista de Carolina del Norte, estado que formó parte de La Confederación secesionista durante la Guerra Civil (a favor de las políticas esclavistas) y territorio de acción de una célula del Ku Kux Klan, los “Caballeros Leales Blancos”, es la centella requerida para la explosión. La violencia policial, atribuida a la tensión racial, termina por revolver el peligroso coctel.

Los asesinatos de Tyre King - joven de 13 años que blandía una pistola de balín en Columbus, Ohio-, Terence Crutcher -un hombre que había dejado su carro averiado en medio de una autopista en Tulsa, Oklahoma- y Keith L. Scott -padre de familia cuyo libro en la mano fue confundido con una pistola en Charlotte- han rebotado en la ciudad y detonado el explosivo. Charlotte ardió la noche del 21 de septiembre. Un herido en estado crítico, conectado al respirador artificial (aún es incierto si una pistola policial disparó la bala), 44 detenidos y las fuerzas del orden dispersando a la turba, los curiosos y los periodistas, con gases lacrimógenos. “Black Lives Matter”, el grito ahogado en efluvios, plomo y rapiñas.

El deporte de Charlotte no es ajeno y ha intentado aminorar la tensión y construir la pregonada diversidad. Michael Jordan, ilustre forjado en el Carolina del Norte y actual presidente de los Charlotte Hornets de la NBA, aceptó al reportero Roland Lazenby, como parte de una nueva biografía suya, su racismo "hacia todos los blancos” durante su juventud. El pasado 25 de julio, “Su Majestad” divulgó un comunicado en la revista The Undefeated llamado “Ya no puedo permanecer callado”. La opinión pública vislumbró a un Jordan indignado con los episodios de brutalidad policial y odio racial suscitados con frecuencia en el último año en Estados Unidos: desde Ferguson hasta Nueva York. “Necesitamos encontrar soluciones que aseguren que la gente de color reciba un trato justo e igualitario y que los policías, que ponen sus vidas en juego cada día para protegernos a todos, sean respetados y apoyados (…) He decidido alzar la voz con la esperanza de que podamos volver a unirnos todos como americanos”.

Previamente, en mayo, Jordan compareció ante la prensa para explicar la postura de su institución ante la controversial ley HB2 aprobada por el gobernador de Carolina del Norte, Pat McCory (que elimina protecciones legales a la comunidad LBGT) y refrendó su compromiso con la tolerancia: “Mi organización se opone a cualquier forma de discriminación y siempre hemos tratado de proporcionar un ambiente inclusivo”.

El otro equipo insignia de Charlotte, los Panthers de la NFL, también han empuñado la lucha racial como ‘leitmotiv’. Entrenados por Ron Rivera, único ‘coach’ de origen latino en toda la liga, el equipo ha creado un entorno que ha permitido que jugadores afroamericanos se manifiesten libremente, sin corsés ni censuras. El quarterback titular, Cam Newton (MVP de la temporada 2015), no duda en enarbolar su color de piel como virtud: “Soy un QB afroamericano. Eso podría asustar a alguien, porque mis habilidades predispuestas no son como las de otros”. Al respecto, Erick Fernández, editor del Huffington Post, también ha apuntado cómo el ‘orgullo negro’ potencia e identifica a uno de los mejores equipos de la NFL: “Han demostrado orgullosamente su ‘negrura’ una y otra vez (…) Rivera les da libertad para que sean ellos mismos’.

Pero ahora, Charlotte arde y duerme con miedo. La ciudad cuyos equipos han intentado desmarcarse de la confrontación racial que hoy la ahoga. “El Nido de Avispas” agitado, a pesar de los esfuerzos, las palabras, las campañas y el orgullo por la piel.