Amores que matan...


Se terminaron los Juegos Olímpicos, a Dios gracias, sin atentados ni hechos violentos que los mancharan, con impresionantes récords, entre monstruos del agua y tierra que continuaron ascendiendo entre las nubes del Olimpo y, por fortuna, con cinco medallas para México.


Cómo nos quejamos (la mayoría de las veces con algo razón) de nuestros atletas, sí, igual que hemos repudiado a nuestro querido Tri cuando baja la cabeza en el campo y solamente la levanta para justificarse, de nuevo.

Pero basta un bronce de Misael Rodríguez (primero en el boxeo, en 16 años) para respirar un poco; es suficiente esa fantástica plata de Lupita González (segunda mujer que gana una presea en atletismo), para sacar las lágrimas que le teníamos reservadas al gran momento azteca en Río. Y qué decir de las dos platas y el bronce, que de forma inesperada (bueno, la de María sí que la teníamos en la agenda) arribaron el penúltimo día de competencias, bautizado como "Sábado de Gloria" en las redes.

La primera fue de Germán Sánchez, que terminó segundo en la plataforma; Ismael Hernández, que le recordó al país que cuando la presión cesa, la confianza nos hace lograr cosas que nadie esperaba, llegó tercero en Pentatlón. En la noche, María del Rosario Espinoza se colgó al pecho su tercer medalla olímpica, del único color que le hacía falta, plata.

Y de la tristeza, frustración y enojo, el país pasó a la euforia, la alegría y una renovada esperanza en sus atletas.

Porque así es y será nuestra historia con esta pareja llamada "deporte", a la que amamos con toda el alma, a pesar de lo poco que nos alegra, de todos sus desprecios (no se me olvida la respuesta de mi estimada Paola Espinosa contra los medios que tanto le han dado) y lo mucho que nos maltrata. "Porque amores que matan, nunca mueren", como diría Sabina.

De salida

Ahora que pondremos la mirada en la Liga de casa (o en La Liga de España que arrancó este fin), qué gusto ver que regresaron los goles, los buenos juegos y las alegrías para la gente. Ojalá que sigan así (por su bien), porque en la jornada 5 y 6, la MX registró sus peores entradas en un año.