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Diario de la Copa América Centenario

Día 13 - Flores en la cabeza

San Francisco, ciudad de encanto, rebelde, entrañable. Aquí floreció el 'amor y paz'; Greatful Dead, Jefferson Airplane, el movimiento gay y la moda de las coronas de flores.

San FranciscoActualizado a
Día 13 - Flores en la cabeza

Scott McKenzie musicaliza cada paso sobre el muelle. El sol reposa terso sobre el agua de la bahía y su oleaje terso. Alcatraz, con toda su majestad, vigilante, imperturbable. La fresca brisa que avienta el mar. El Golden Gate, oculto tras la bruma del atardecer. El olor a café, chocolate y salsa tártara. San Francisco, donde las gaviotas son peatones, el aire arranca los desazones del corazón, y las calles fueron construidas sobre los restos de una montaña rusa. Sus espléndidas fachadas victorianas, el tintinear de sus tranvías, el sol que se funde con el viento. Ahora entiendo a Scott McKenzie.

Y eso que, muy probablemente, la San Francisco que retrató McKenzie muy poco se parezca a la de hoy día. La ciudad tiene un espíritu, muy palpable, que conecta su lirismo con el presente. La gente camina como desprendida de sus nervios, cabeza alta, brazos bamboleándose, sonrisa imborrable. Más que caminar, deambular; extirpados de presiones, prisas, deberes y todas aquellas cosas que Pink Floyd sentenció en Dark Side Of The Moon. La ciudad parece inhalar y exhalar al unísono, siempre con pasmosa tranquilidad. No en vano avisó McKenzie que el código de vestimenta para entrar a ella eran las flores en la cabeza; en San Francisco nada importa lo que lleves, sino que te sientas libre al llevarlo.

Ni Phoenix, Los Ángeles, San Diego o Houston. La ciudad más entregada a sus equipos deportivos es San Francisco. Gigantes, guerreros, cuarenta-y-nueves, algún furtivo tiburón (de luto). Ataviados por doquier, si ven una cámara y un micrófono gritan a lo lejos 'Go (inserte nombre del equipo en cuestión)', y cuenta la leyenda, que gastan el 50% de su tiempo en compañía discutiendo sobre el planeta de origen de Stephen Curry (el 50% restante lo ocupa en la equidad de género). Presidente Curry, le proclaman las playeras en exhibición en las tiendas del muelle. Hoy, la bahía podría pintarse de dorado por segunda vez consecutiva (en Cleveland, lejos del hogar, también). Si la mira de Curry no se encuentra averiada, la San Francisco de McKenzie resucitaría una vez más, coronas de flores incluidas (que salgan del Corona Capital y vuelvan a la Bahía, donde en realidad pertenecen).

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