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México vs Estados Unidos

Paul Aguilar, el artista que catapultó a México a Rusia

Cuando la tanda de penaltis se acercaba, un brutal derechazo del lateral del América sentenció un partido cardíaco que terminó 3-2. México jugará la Confederaciones 2017. Estados Unidos empató en dos ocasiones.

Actualizado a
México logró el pase a la Copa Confederaciones de Rusia 2017.
Mexsport

Paul Aguilar. Lateral enclenque, de cuestionables aptitudes para la danza, tan incombustible como incendiario, tan poco prolijo como asiduo a la épica, al gigantismo. Su brutal derechazo, musicalizado por Tchaikovski, cuando la pelota descendía tras besar el firmamento de Pasadena, decretó el cometido de todo un año: la Copa Confederaciones de Rusia 2017. El final más dulce de un partido esquizofrénico. México venció 3-2 a Estados Unidos, aflicción mediante, y se ganó el derecho de pasar el verano de 2017 en el encantador verano ruso, entre matrioskas, un vaso de vodka, un plato de borsch y atardeceres a orillas del Lago Baikal. Su presencia en aquel simulacro general denominado Copa Confederaciones está confirmada. Y salvó el "annus horribilis". Y venció al némesis que protagoniza sus más atroces pesadillas. Todo gracias a Paul Aguilar, lateral enclenque, héroe de la noche. 

México

“I’d be safe and warm if I was in L.A.". El himno de The Mamas And The Papas es la marcha que sonorizó la velada mexicana en Pasadena. Los Ángeles, tierra de sosiego. El humo de la cenizas de la final de la Copa Oro 2011 indicaban que los recuerdos no son tangibles pero son estéticos: el cuerpo los percibe, los absorbe, le conmueven. Lo mismo podríamos decir del mítico #DosACero y de la tarde negra de Jeonju, hará trece años; trece ínfimos años. El 'Tuca' Ferretti, técnico robótico, bosquejó un equipo contracultural (acorde a sus estándares): Márquez enclavado en el centro del campo, Herrera y Guardado como interiores 'box-to-box' y un inesperado trío ofensivo conformado por Raúl Jiménez, Oribe Peralta y Javier Hernández. Suicidio o revolución. Alineación con aroma socialista: patria o muerte. 

L.A. Woman fue la banda sonora de la primera mitad: cadencia con dosis de violencia. México no quiso entrar al tanteo de prólogo, ensayó el primer golpe de su repertorio en cuanto notó un resquicio. Una jugada de película, pantalla de Oribe, espuela de Jiménez, acarreo de Peralta y definición (con balón en pleno lloriqueo) de Hernández. Vértigo. Arte. Pero Estados Unidos, como Jake LaMotta, no acusó el golpe. Bastaron cinco minutos para que la sonrisa y los tuits de burla nacionalista fuesen borrados: el centro de Bradley puso la pelota en el corazón del área y Cameron remató con la frente como martillo. Los pupilos del 'Tuca', al contrario de su rival, sí resintieron el mazazo. Hay cosas que no cambian: los Cubs de Chicago sin serie Mundial, los Castro gobiernan Cuba, Estados Unidos marca a balón parado. 

México se encogió y se tomó las costillas. Escupió sangre. El sudor le escurrió la sien. Peralta y Hernández intentaron rematar a Guzan, pero el cabezazo de uno se marchó al terruño de los fotógrafos y el punterazo de otro se elevó hacia los dominios del portero estadounidense. En el otro frente, Bradley condujo la pelota entre un boquete causado por la migración de Márquez; su disparo raso, suplicante, extirpó el aliento en tanto se marchó a un soplo del poste izquierdo de Muñoz. 

La segunda mitad, con soundtrack de Grateful Dead, fue caracterizada por un monólogo de la Selección. Acordes fúnebres con alguna guitarra luminosa. Jiménez, Oribe y Guardado y ensayaron disparos que terminaron en las vallas publicitarias o acurrucados en los brazos de Guzan. Estados Unidos se abrochó el corsé. Sólo Jones y Bradley, en actos revolucionarios, intentaron perturbar a Muñoz, pero sus impactos terminaron en Malibú. México envolvió a Estados Unidos en posesión. Pero qué importa si Guzan jamás sudó frío. El seleccionado de Klinsmann convirtió sus ataques en una melé de rugby; a trancas y barrancas, metro a metro, lodo y gritos. El hedor a tiempo extra. Y Vela y Corona en el banquillo. Glup.

La Selección inició la prórroga con la melodía de "Welcome To The Jungle" recorriendo sus venas. Guzan salvó un disparo de Jiménez como preámbulo al gol de Oribe Peralta; pase largo de Herrera, techado, incursión kamikaze de Aguilar, pase retrasado y remate de Oribe, a contrapié de Guzan, en el corazón del área. México, obsesionado con goles de manufacturación preciosista. Pero Estados Unidos, el país de Lincoln y Roosevelt, no se rinde. La tierra de los valientes, reza su himno. En el segundo capítulo del tiempo extra, un acarreo de Yedlin citó a Bobby Wood con Muñoz; el punterazo del delantero, en el campo desde 10 minutos antes, revivió a los espectros malditos. Los de Jeonju y el #DosACero. México volvió a escupir sangre, a encogerse, a entregarse al mal agüero y a sus lágrimas en agonía. Y cuando Estados Unidos se abalanzaba más peligroso sobre Muñoz, llegó Paul Aguilar, lateral enclenque...

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