Inglaterra ya sabe lo que es golear en el Estadio CDMX: así humilló a una selección de América
El goleador Gary Lineker era la cabeza de un equipo muy sólido y con individualidades de alto calibre.


Antes de la “Mano de Dios”, del Gol del Siglo y de uno de los encuentros más recordados en la historia de los Mundiales, Inglaterra tuvo una escala obligada. El 18 de junio de 1986, en el Estadio Azteca, la selección inglesa venció con autoridad 3-0 a Paraguay en los octavos de final de la Copa del Mundo de México y selló su boleto al duelo que marcaría para siempre su rivalidad con Argentina.

El equipo dirigido por Bobby Robson llegaba en ascenso. Tras un inicio irregular en la fase de grupos, encontró su mejor versión justo cuando comenzaban los partidos de eliminación directa. Frente a Paraguay, Inglaterra fue superior desde los primeros minutos, controló el balón y encontró espacios gracias a la movilidad de Gary Lineker y Peter Beardsley.
El primer golpe llegó en la primera mitad. Steve Hodge envió un centro preciso que Lineker convirtió de cabeza para abrir el marcador. El delantero del Everton atravesaba un momento extraordinario y volvió a demostrar por qué terminaría como máximo goleador del torneo.

Paraguay intentó responder con la calidad de Julio César Romero y Roberto Cabañas, pero nunca logró romper el orden defensivo inglés. En la segunda parte, Beardsley aumentó la ventaja con una buena definición tras una jugada colectiva y, poco después, Lineker firmó su doblete para sellar el definitivo 3-0.
Más allá del marcador, aquella actuación confirmó que Inglaterra era un serio aspirante al título. El equipo mostró equilibrio, eficacia y una confianza que había ido creciendo conforme avanzaba el campeonato.
Sin embargo, el paso del tiempo convirtió ese triunfo en mucho más que una clasificación a los cuartos de final. Cuatro días después, el mismo césped del Estadio Azteca sería escenario de uno de los partidos más famosos de todos los tiempos. Inglaterra volvería a enfrentarse a Argentina, esta vez con Diego Maradona como protagonista de una tarde inolvidable que dejó para la historia la “Mano de Dios” y el Gol del Siglo.
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Por eso, aunque suele quedar opacada por lo que ocurrió días después, la victoria sobre Paraguay ocupa un lugar especial en la memoria del Mundial de México 1986. Fue el último gran paso de una Inglaterra que llegaba fortalecida al desafío más importante de su camino y el punto de partida de un capítulo que transformó para siempre la historia de las Copas del Mundo.
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