La fiesta del Atlético de Madrid no fue completa
Los aficionados del cuadro ‘colchonero’ en México se reunieron para ver la final de la Copa del Rey.


Este 18 de abril se vivió con intensidad en la Ciudad de México, donde cientos de aficionados del Atlético de Madrid se reunieron en restaurantes para seguir la final de la Copa del Rey 2026, en un ambiente marcado por la pasión, la convivencia y el respeto.

Desde temprano, zonas como la Condesa comenzaron a teñirse de rojiblanco. Entre cánticos, bufandas y banderas, en la cocina del bizco, la afición colchonera convirtió la capital mexicana en una extensión simbólica del estadio español. A pesar de la distancia, la conexión emocional fue evidente: cada jugada se gritó como si ocurriera a unos metros.

El partido, disputado entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad, ofreció un espectáculo digno de una final. Durante los 90 minutos reglamentarios, ambos equipos mostraron intensidad y orden táctico, terminando empatados 2-2. El Atlético logró ponerse en ventaja en dos ocasiones, pero la Real Sociedad respondió con determinación, manteniendo el equilibrio en el marcador.

La prórroga elevó la tensión en los puntos de reunión de la capital mexicana. Cada avance generaba silencios expectantes seguidos de explosiones de emoción. Sin embargo, el marcador no se movió, obligando a definir al campeón desde el punto penal.
Fue en ese momento cuando el ambiente cambió. La esperanza de los seguidores del Atlético se mezcló con nerviosismo, mientras los aficionados de la Real Sociedad también presentes celebraban cada acierto. La tanda terminó 4-3 a favor del conjunto vasco, sellando su victoria y dejando al Atlético a las puertas del título.
Pese al resultado, el ambiente en la Ciudad de México se mantuvo ejemplar. No hubo incidentes, y al finalizar el encuentro, muchos aficionados permanecieron compartiendo impresiones, reconociendo el esfuerzo de ambos equipos y celebrando el espectáculo futbolístico.
“Se sufre, pero así es el fútbol”, comentó uno de los asistentes en un bar de la colonia Roma, mientras levantaba su bebida en señal de camaradería. Ese espíritu resumió la noche: una derrota deportiva, pero una victoria en convivencia.
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La final no solo coronó a un campeón, sino que también evidenció la capacidad del fútbol para unir culturas y geografías. En la Ciudad de México, lejos de España, la pasión se vivió con la misma intensidad, demostrando que el fútbol no conoce fronteras.
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