Jóvenes mexicanos llevan proyecto de ciencia hasta Indonesia, pero ahora buscan apoyo para representar al país
Cinco estudiantes desarrollaron una investigación que cuestiona la seguridad de uno de los analgésicos más utilizados en México. Ganaron concursos nacionales y obtuvieron un pase al certamen científico más importante de Indonesia, pero tras graduarse del bachillerato perdieron el respaldo económico para viajar.

En México, miles de proyectos científicos nacen cada año en laboratorios escolares, ferias de ciencias y aulas de clases. Muchos de ellos desaparecen antes de alcanzar su máximo potencial, no por falta de talento o de resultados, sino porque el apoyo institucional termina cuando los estudiantes concluyen sus estudios.
Ese es el escenario que hoy enfrentan María José Pérez, Ximena Gutiérrez y Leonardo Luna, tres jóvenes mexicanos que, junto con Alejandra Mendoza y Andrea Herrera (alumnos ya egresados) iniciaron un proyecto en colaboración con Laboratorio de Genética, Evolución y Educación de la Facultad de Ciencias de la UNAM y del Centro Universitario México con la finalidad de aportar nueva información sobre uno de los medicamentos más utilizados para aliviar el dolor: el Ketorolaco.
Su trabajo ya les abrió las puertas de una competencia científica internacional; Sin embargo, tras concluir el bachillerato, sus escuelas dejaron de financiar el proyecto y ahora deberán buscar la manera de representar a México por cuenta propia.
Un medicamento cotidiano bajo la lupa
El Ketorolaco es uno de los antiinflamatorios y analgésicos más recetados en el mundo. Precisamente por su uso tan extendido, el equipo decidió investigar si, además de sus beneficios, podría provocar alteraciones genéticas que hasta ahora no habían sido estudiadas a profundidad.

La idea surgió después de conocer un estudio donde conejos expuestos al medicamento desarrollaron necrosis hepática, es decir, muerte de tejido en el hígado. A partir de ese antecedente, las estudiantes quisieron responder una pregunta distinta: ¿el ketorolaco también puede activar mutaciones a nivel genético?
La mosca de fruta, un aliado indispensable
Para averiguarlo utilizaron Drosophila melanogaster, mejor conocida como la mosca de la fruta, un organismo ampliamente utilizado en investigación biomédica. Aunque pueda parecer un modelo sencillo, comparte con los seres humanos el sistema enzimático citocromo P450, responsable del metabolismo de numerosos medicamentos.
“Trabajamos con moscas porque, además de ser un modelo mucho más accesible, compartimos el citocromo P450, que se encarga del metabolismo de los fármacos. Si observamos daño en ese sistema, existe la posibilidad de que también pueda presentarse en humanos“, explicaron los integrantes del proyecto.
Los resultados fueron inesperados
Al evaluar tres concentraciones distintas del medicamento mediante la prueba SMART, observaron alteraciones genéticas reflejadas en manchas sobre las alas de las moscas. Lo más llamativo fue que la dosis más baja produjo el mayor número de alteraciones, lo que sugiere que el daño no depende necesariamente de consumir una mayor cantidad del fármaco.

“Lo más interesante fue descubrir que el daño no es proporcional a la cantidad de Ketorolaco administrada. Eso significa que el efecto parece ser más aleatorio y no depende únicamente de la dosis“, añadieron.
Los jóvenes investigadores aclararon que el estudio no demuestra que el Ketorolaco provoque enfermedades en las personas, sino que identifica un posible efecto genotóxico que merece investigaciones más profundas.
“Si una persona tiene predisposición genética a desarrollar enfermedades como cáncer o diabetes, el Ketorolaco podría actuar como una especie de interruptor. La enfermedad ya tiene una base genética; el medicamento podría aumentar la probabilidad de que esa predisposición se manifieste“, advirtieron.
De campeonas nacionales a un sueño internacional sin financiamiento
El valor del proyecto ya fue reconocido por especialistas. La investigación obtuvo el primer lugar en la Feria de Ciencias de la UNAM, posteriormente ganó el primer lugar en Expociencias Ciudad de México y consiguió una acreditación para Expociencias Nacional.
Ahí volvió a destacar y obtuvo el pase a la International Science and Invention Fair 2026, que se celebrará en noviembre en Indonesia. No obstante, el mayor obstáculo apareció justo después del éxito. Los tres jóvenes concluyeron recientemente el bachillerato y, al dejar de ser alumnos de sus respectivas instituciones, perdieron el apoyo económico que financiaba este tipo de representaciones.
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Paradójicamente, el proyecto alcanzó su mayor logro cuando el respaldo institucional llegó a su fin. Su historia refleja una realidad que viven numerosos jóvenes científicos mexicanos. El talento existe, las ideas también y los resultados comienzan a aparecer. Lo que muchas veces falta es el impulso necesario para que investigaciones nacidas en un laboratorio escolar puedan cruzar fronteras y representar a México en los escenarios científicos más importantes del mundo. En noviembre, Indonesia podría ser el siguiente capítulo de esa historia... siempre y cuando el apoyo llegue a tiempo.
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