Regina Martínez, la esquiadora que salva vidas y vuela en la nieve
Futbolista de corazón, doctora de formación y vocación, Regina Martínez será la primera mujer mexicana en el esquí de fondo olímpico. Su anhelo nació entre el frío polar de Minnesota y la pandemia.


Entre el frío perpetuo del vórtice polar de Minnesota, y la oscuridad de un invierno pandémico, Regina Martínez se imaginó como una esquiadora olímpica. La quimera era más bien una terapia contra el encierro, la depresión, las horas lóbregas de una pandemia eterna.
Esto está muy frío, muy triste, muy solo. Un frío terrible. -50 °C. ¿Qué puedo hacer? Además, es una carrera muy difícil la medicina. Estoy en depresión estacional porque es muy oscuro todo. ¿Qué más puedo hacer?
Regina había empezado a probar con el esquí recreativo, para surcar por las infinitas praderas blancas de Minnesota, donde estudiaba Medicina General con rotaciones en el University of Minnesota Medical Center y el Hospital de Niños de Minneapolis. Entonces, conoció la historia de Germán Madrazo, el esquiador mexicano que celebró como un medallista, con bandera tricolor en mano, haber cruzado la meta de los 15 kilómetros de cross-country en los Juegos Olímpicos de PyeongChang 2018. Una extravagancia, para pocos; un ejemplo de tenacidad, patriotismo y amor por la vida, para tantos. El caso es que la escena resonó en las entrañas de Regina.
Vi su historia. Me gustó mucho. El ver a un mexicano en esa situación me dio mucha emoción. Llegó muy profundo en mi corazón. Dije que yo también podría representar a México en esta capacidad. Decidí utilizarlo como inspiración. Fue una motivación para salir y enfocarme en algo diferente, algo positivo. Tener una meta fuera de la escuela y algo diferente en ese periodo difícil de mi vida.
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Regina no sabía del entronque al que había llegado. El fútbol y la medicina copaban su vida. Jugó en las inferiores de Pumas Femenil, con 15 años, y después se mudó con su familia a Costa Rica, donde despuntó con Dimas Escazú mientras cursaba la preparatoria. Llegó en Segunda División y contribuyó para lograr el ascenso a Primera en 2010. Después, con las valijas llenas de dudas y sueños, se marchó a Estados Unidos. Baylor, Texas, primera parada, donde estudió una licenciatura en Bioquímica con tres minors en Relaciones Internacionales, Humanidades y Biología. De cuando en cuando, aún le quedaba tiempo para el fútbol, “el primer amor”. Cuatro años después, Columbia, para graduarse de la Maestría en Salud Pública y Epidemiología. Y, la estación final, Minneapolis, donde la alcanzó el coronavirus.
Trabajé en el departamento de salud de Minnesota, haciendo ‘case management’ con la población latina. Éramos muy pocos trabajando. Pude usar la Maestría en Epidemiología. Desafortunadamente, fue durante momentos muy difíciles, pero fue bueno conectar con la gente latina.
- ¿Cómo fue vivir la pandemia en Minnesota, conjugada con el frío extremo, la sobresaturación sanitaria?
- Fueron muchos momentos muy difíciles, muy intensos. No sabían qué tan fuerte iba a ser el virus. Nos sacaron de las rotaciones, porque en ese punto como estudiante no tienes todos los conocimientos. Todavía estás aprendiendo. Decidieron que los beneficios de nosotros ayudando eran menores que el riesgo de fallecer. Dejamos de ir al hospital. No me quedé quieta. Quería involucrarme más. Contacté al departamento de Salud Pública de Minnesota y trabajé con ellos mientras mi estancia clínica con la Universidad se pausó.

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Regina envió un mensaje por Instagram a Madrazo. Como escribir una nota de rescate en la nieve. No estaba segura si era buena idea empezar un deporte tan demandante a los 28 años. Y Germán contestó.
Me dijo ‘voy y te enseño’. No creí que lo fuera hacer. Y lo hizo. Estaba entrenando a Jonathan Soto Moreno, que fue a los Olímpicos de 2022, y también vivía en Minneapolis. En el mismo viaje vino a visitarme. Sabía lo difícil que es empezar a una edad más avanzada. Muchos rechazos, gente que no toma en serio tus sueños; no todos creen en ti. Pero él, sí. Me llevó a la tienda, casi ‘de la mano’, para decirme qué necesitaba y cómo funcionaba. Me enseñó todos los movimientos básicos.
Ya con todos los instrumentos listos, llegó la hora de trabajar. Era el invierno de 2020.
Estaba muy frío. A -20° C. Lo sufrí bastante. Este frío llegaba hasta los huesos. Encima había que estar mucho tiempo parada, enfocada en el balance, en la técnica. Pero Germán lo hizo todo de buena voluntad. Fue mi primer entrenador formal. Me mandó un plan de entrenamiento por casi año y medio. Ni a mí, ni a John nos cobró. Un tipazo que ayudó a establecer este camino. Ahora, gracias a eso, estoy intentando abrir paso a otras mujeres. Estoy muy agradecida con él.

En el verano de 2021, Regina dejó Minneapolis y puso rumbo a Miami, donde vive desde entonces. Para completar su robusta formación académica, se inscribió en una especialidad en urgencias. El problema es que en Miami no hay nieve. Regina tuvo que simular las condiciones del cross-country en el pavimento: adquirió un par de roller skis para desplazarse con ruedas sobre las calles. La técnica, similar, implicaba aplicar mayor fuerza a brazos y rodillas. El esquí tropical de Miami.
No fue difícil. Es lo que todos los esquiadores hacen cuando no tienen nieve. Pero tenía miedo a caerme. Germán sabía eso y vino a ayudarme con los roller skis. Fue fundamental porque me dio las herramientas para seguir con este sueño.
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Después de la mudanza a Miami, Regina tomó una decisión: cambió de entrenador. De Germán Madrazo a Ragnar Bragvin Andersen. Regina quería tomar el siguiente paso y alejarse de la narrativa de que sólo los escandinavos pueden esquiar al más alto nivel.
Para estar ahí, tienes que entrenar con los mejores y en las mejores pistas. Llevo tres años con Ragnar. Me ha ayudado mucho a mejorar mi técnica. Ve todos los detalles. Te dice exactamente lo que tienes que hacer. Si el pie izquierdo está más atrás cuando haces tal movimiento... Me ha ayudado a entender mejor la mecánica del deporte.
Regina cosechó los frutos poco a poco. En su primer campeonato del mundo, en Oberstdorf, Alemania, finalizó en la 118° posición. Cuatro años después, en Trondheim, Noruega, fue la 77°. Ahí, en febrero de 2025, aseguró la plaza olímpica para México en la prueba, la cual se adjudicó cinco meses después en el Campeonato Nacional de Chile.
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Regina ha financiado su ilusión con su propia cartera gracias a su trabajo como médico comodín. No tiene contrato con un hospital, sino a través de una manager, cual estrella de fútbol, que le indica qué lugares tienen una necesidad de atención médica urgente y ella atiende el llamado en caso de estar disponible. El modelo le ha servido para sostener su carrera sin patrocinadores. Con apoyo puntual de la Federación Mexicana de Esquí: algún boleto de avión, la renta de un automóvil. Hasta ahora, Conade y el Comité Olímpico Mexicano sopesarán incluirla en la nómina de becas deportivas y ayuda logística. Pero todo ha salido de ella, de su infatigable vocación por salvar vidas. De las noches en vela. De los pasillos en emergencia. De un pulso muerto o una mueca de alivio. Del recuerdo de su tía.
- ¿Por qué quisiste ser doctora?
- Siempre quise ayudar a los demás. Tengo un corazón para el servicio. Tuve una tía que falleció a los 42 años de una enfermedad muy rara. Un cáncer que no recuerdo su tipo. Me llamó la atención. Era como mi segunda madre. La quería mucho. Me impactó mucho. Eso me animó hacia la investigación. Empecé a hacer rotaciones en el hospital. Me di cuenta que es ahí donde quiero estar. Mi corazón está en eso.

El verdadero deseo de Regina está más allá de la pista, de la nieve. De las canchas, del césped. Quiere hacer misiones médicas, enrolarse en Médicos sin Fronteras. Y, después, conocer el mundo, formar una familia, y no dejar de salvar vidas aun así.
- Por eso decidí dejar el fútbol, porque quería concentrarme en los estudios.
- ¿Piensas dejar la medicina por el esquí?
- No, mi vocación es ayudar a la gente. Me encanta el esquí. Me encanta lo que me regresa y lo que me llena de felicidad, pero la satisfacción de ser doctora es algo que muy cosas me pueden dar. Es un privilegio.
- ...
- Como me dijo un colega en el hospital: tienes el resto de tu vida para ser doctora, pero no tienes el resto de tu vida para ser atleta.

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Cuando Regina siente sus piernas destruirse, hacerse añicos que desgarran la piel, y la meta alejarse entre la nieve y la bruma, recuerda los peores momentos en el hospital. Su formación como médico le empujó a los límites todos los días y eso lo extrapola a la pista.
Cuando me quiero rendir, pienso cuando estaba agotada, pero tenía que hacer compresiones a un paciente en paro cardíaco. Cuando tienes la vida de otra persona en tus manos. En lugar de enfocarme en el dolor, lo hago en lo que estoy haciendo, en estar presente. En cada movimiento, cada brazada. No en el frío, en la nieve que me está cayendo de frente. Y que al final, cuando esto acabe, puedo ir a celebrar, descansar. Eso es mi motivación.
Cuando terminen los Juegos, Regina volverá a los hospitales. Dos semanas. Después, volverá a la Ciudad de México a pasar tiempo con su familia. Y, quizá, un viaje de misiones médicas a unas aldeas en el Darién panameño. Unas vacaciones. Y volver a entrenar. A volver a sentir la nieve bajo los esquíes. Volver a volar.
- Me encanta, porque sientes como que estás volando. No tienes esa sensación en el fútbol.
Mi vocación es ayudar a la gente. Me encanta el esquí. Me encanta lo que me regresa y lo que me llena de felicidad, pero la satisfacción de ser doctora es algo que muy cosas me pueden dar
Regina Martínez, esquiadora olímpica mexicana
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