2026: fútbol y béisbol viven su año de Mundiales
El año entrante brindará una coincidencia que sólo ocurrió en 2006. La época era distinta: el Clásico Mundial de Béisbol apenas celebraba su primera edición.


2026 es doble año mundialista. Dos de los deportes más globales y con más seguidores en el mundo, el fútbol y el béisbol, celebrarán su máxima fiesta en el trascurso de los próximos seis meses. La casualidad permitirá medir y comparar sus impactos, sus legados, sus resultados, aunque el resultado se adivina a primer atisbo. La Copa Mundial de la FIFA es el máximo evento deportivo del planeta, sólo los Juegos Olímpicos le ponen oposición, mientras que el Clásico Mundial de Béisbol continúa en ciernes; tiene una periodicidad irregular, pero su potencial es creciente. La edición de 2023 fue un auténtico breakthrough y en 2026 no hará sino continuar su gran progresión. La comparación, si bien todavía desproporcionada, funciona para detallar la evolución de uno, el poderío intocable y casi monopólico del otro, y el contraste entre potencias, intereses geolocalizados y particularidades de cada deporte.
2006 y 2023: años Mundiales
20 años después, los Mundiales de fútbol y béisbol, dos deportes que aglutinan a más de dos mil millones de aficionados a nivel global, volverán a coincidir. En 2006, la primera edición de por vida del WBC vio a Japón derrotar a Cuba en una final ya clásica (10-6) y muy representativa de las jerarquías beisbolísticas después de una puesta en escena reveladora: estadios llenos en las fases finales y merchandising agotado en Estados Unidos; cuatro meses después, Italia venció a Francia en una agónica tanda de penaltis en el Olímpico de Berlín después del insólito y controversial cabezazo de Zidane al pecho de Materazzi. La abismal diferencia, sin embargo, quedó patente: el WBC apenas superó los 700,000 asistentes, mientras que más de 3.3 millones de aficionados visitaron los estadios de Alemania 2006.

En 2023 ocurrió algo similar, pero sin el Mundial de fútbol varonil en consideración. Fue el primer año en el que los campeonatos absolutos de los cinco deportes más populares tomaron lugar, uno tras otro. 2023 abrió con el más reciente Clásico Mundial de Béisbol; continuó con el Mundial femenino de fútbol en Australia y Nueva Zelanda; prosiguió con el Mundial de Baloncesto en Filipinas, Indonesia y Japón; le siguió el de Rugby, en Francia; y finalizó con el de Cricket, en la India. Cinco diferentes países como campeones de cada disciplina: Japón, España, Alemania, Sudáfrica y Australia, respectivamente. Una rareza que mantuvo conectada a las pantallas durante casi todo el año a más de la mitad de la población mundial.
Las sedes del Mundial de fútbol 2026
Las sedes del Clásico Mundial de Béisbol 2026
Fútbol vs béisbol
Tanto el WBC como el Mundial de la FIFA llegarán a 2026 en su mejor estado. Qatar 2022 fue la edición más vista y rentable en la historia de las Copas del Mundo (aunque no la de mayor asistencia, hito que permanece todavía en manos de EEUU ‘94), mientras que el Clásico de 2023 fue el más exitoso de los tiempos: creció un 20% su asistencia a los estadios y un 147% sus ventas de merchandise en línea respecto al torneo de 2017. En este contexto, la comparación cabe.

Pero los datos son incontestables. El Mundial de la FIFA, sea cual sea su edición, es un evento de mucha mayor magnitud, económica y mediática, pese al notorio incremento del Clásico Mundial de Béisbol. No sólo alentó un récord de visitantes a Qatar (un millón durante la competición) y fomentó la transformación urbana de gran parte del país, sino que además impactó en el crecimiento del PIB del emirato. El WBC aún está lejos de alcanzar dichas cuotas: su influencia se reduce a las ciudades sede y su significancia en lo macroeconómico es residual. Por su parte, el Mundial de la FIFA trasciende en infraestructura y el desarrollo de sectores estratégicos, como el turismo, la marca-país y la geopolítica.
El Mundial más grande de la historia
La expansión a 48 equipos y 104 partidos traerá consecuencias naturales. El de 2026 será el Mundial de la FIFA más grande de todos los tiempos, tanto en duración, como en participantes, audiencia y extensión territorial. Un Mundial disputado en más de 4,500 kilómetros a la redonda en 16 sedes repartidas en tres países. Las proyecciones apuntan a récords recaudatorios históricos para FIFA. Pero también está la preocupación ecológica: el reporte denominado FIFA’s Climate Blind Spot, realizado por Scientists for Global Responsibility en colaboración con Environmental Defense Fund y The Sport For Climate Action Network, estima que el Mundial generará 9.02 millones de toneladas de dióxido de carbono, con lo que la huella aumentará 92% en comparación a Qatar 2022.

El papel de México en los Mundiales de fútbol y béisbol
‘El Tri’ y la ‘Novena verde’ viven realidades distintas. En pasado y presente. En fútbol, la Selección Mexicana siempre ha anhelado con pertenecer a la élite. O, como mínimo, competir con ella. Esa ‘buena imagen’ ante el mundo ha sido una obsesión constante. En béisbol, México ya es parte de esa élite. Es una potencia global. En fútbol, ‘El Tri’ siempre se ha quedado a las puertas de algo más; su lugar en el escenario internacional es el de un eterno aspirante, el de promesa incumplida perenne; el del peso mediano con complejo de superioridad. También hay algo de fatalismo en la psique del fútbol mexicano, mezclado con un tanto de pánico escénico y un dejo de mala suerte. Los resultados saltan a la vista en los Mundiales, donde la barrera del ‘quinto partido’ más allá de los octavos de final no es sólo psicológica; parece incluso una fijación colectiva.

Dicho fatalismo parecía repetirse en un deporte que, históricamente, ha repartido mejores noticias para un país desacostumbrado a las grandes victorias. Pero, en 2023, México superó esa barrera. Lo hizo gracias a su baraja de peloteros alojados en las Grandes Ligas, que se cuentan por decenas. Esa es la principal diferencia: no hay un sólo futbolista mexicano en la élite global como sí los hay beisbolistas (Alejandro Kirk, sin ir más lejos, quien se quedó a un batazo de ganar el MVP de la Serie Mundial de 2025). México llegará al WBC como una novena top 10 (de acuerdo al último ranking de la WBSC, se encuentra en la posición 6°, muy cerca de Venezuela, la 5°) y con amplias posibilidades de contender por un puesto en las semifinales, como ocurrió hace tres años, cuando los comandados por Benjamín Gil llevaron a la todopoderosa Japón de Shohei Ohtani hasta las últimas consecuencias.

El fútbol es el pasatiempo nacional en México, pero si habría que apostar a qué campeonato mundial llegaría primero para el país, no hay duda de que el béisbol ofrece más probabilidades. Llega ya 2026 con sus dos Mundiales para acabar con las preguntas.
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