'Caramelo', el incondicional
'Caramelo', el incondicional

QATAR 2022 | ENTREVISTA

'Caramelo', el incondicional

El más famoso aficionado de la Selección Mexicana ha seguido al Tri en 478 partidos en 45 países. Todo empezó hace 52 años, en el Mundial de México '70.

Héctor Chávez tenía ocho años cuando vio a su padre en la televisión. Las cámaras lo enfocaron mientras degustaba una torta en las tribunas del Estadio Jalisco. Era el Mundial de México ’70. Algún partido de la mítica Selección Brasileña de Pelé, Jairzinho, Rivelino, et al. Héctor deseó estar ahí, con él, con todas sus fuerzas. Salir en televisión. Estar un Mundial. En todos.

52 años después. Héctor ahora es ‘Caramelo’, el aficionado futbolero mexicano más conocido del mundo. Un símbolo, casi una marca registrada, del ‘Tri’ y su folclor. 478 partidos y 45 países detrás de la Selección a lo largo de 36 años de ‘obsesión’. Así la llama él. Una obsesión que comenzó aquella mañana de 1970 cuando su padre desfiló por el Estadio Jalisco por cortesía de una institución bancaria. Lo que empezó como un acto casi de azar, inusitado, definió el devenir de una vida.


Héctor nació en Chihuahua en 1962. ‘Caramelo’ nació entre 1977-1978. Por aquellos años, Héctor cursaba la preparatoria en el Instituto La Salle. Antes, en primaria y secundaria, los salones eran de un solo género. Cuando se volvieron mixtos, fueron sus compañeras quienes le acuñaron el mote. ‘Caramelo’, por ‘dulce’ y ‘cariñoso’ con ellas.

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Antes de su transformación en ‘Caramelo’, mucho antes de su emancipación como embajador ‘tricolor’ donde quiera que se presente la Selección Mexicana, Héctor deambulaba sin éxito por las áreas rivales de los baldíos desérticos de Chihuahua. Pateaba polvo y tragaba sangre. “Era demasiado malo”. Poco después, para su fortuna, descubrió que no se rajaba al tirarse sobre la pelota. No era extraño, por lo mismo, que terminara con los huesos expuestos en codos y rodillas, la piel arañada por la grava. “Mi madre ya no me dejaba salir. Y eso que usaba rodilleras. Quería ser como ‘Nacho’ Calderón. Siempre salía dañado, porque era el titular… Me gustaba salir del área. Ir a rematar en los finales. Era mi mayor ilusión. Portero con alma de delantero. Subir a rematar y meter el gol del gane”. Su mayor ilusión.

Eso hasta que se graduó como administrador de empresas en el Tecnológico de Monterrey, en 1986. El devenir de una vida. Fue entonces cuando ‘Caramelo’ debió tomar una decisión: unirse al viaje por Europa que habían organizado sus excompañeros de carrera, o acompañar a su padre a la Ciudad de México, al Estadio Azteca, al Mundial de Maradona. No fue una determinación difícil. “No la pensé dos veces”. En el ‘Coloso de Santa Úrsula’ comenzó el periplo de ‘Caramelo’. Los cuatro partidos de la Selección Mexicana. El gol de Quirarte a Bélgica. El de Negrete a Bélgica. ‘La Mano de Dios’. ‘El gol del Siglo’. La asunción de Maradona con el trofeo de oro macizo en sus manos. “Ah, caray, cómo me gustaría estar ahí, con mi papá”, había deseado en 1970.

Desde entonces. De 1986 a 2022. Y los que falten. Los que vengan. A Italia ’90 viajó pese a la ausencia de México por la sanción de los ‘cachirules’. “Ya tenía mi cochinito guardado y lo rompí. No me importó. Quería ir. Nos encontramos con muchísimos mexicanos por allá. La gente se preguntaba cómo es que habíamos tantos”. A partir de 1994, ‘El Tri’ no faltó. Y tampoco él. Quería emular a Manolo ‘el del bombo’. ‘El Manolo’ mexicano. Al Gaúcho da Copa. “Creo que ya les estoy pisando los talones”, dice. “Es un sufrir, es un gastar. Pero, a fin de cuentas, he estado cumpliendo el objetivo”.

- ¿Y cómo le haces, 'Caramelo'? Es la duda que muchos tenemos, porque no es muy barato viajar tanto y seguir a la Selección a todos lados.
- Aquí no hay otra cosa más que trabajar. Cuando me gradué en 1986 inicié mi negocio de compraventa de joyería. Mi padre siempre se dedicó a ese negocio. Cerró sus tiendas porque se retiró. Hoy tiene 97 años. Le pedí que me diera la oportunidad. Me las vi difíciles. Me apoyó mucho en los conocimientos, pero no pudo en lo económico. Era muy caro pagar la renta del establecimiento en una calle peatonal en el centro de Chihuahua. De repente, la sufría al comprar la joyería y esperar a tener la venta y pagar la renta. Teníamos que vender discos, casetes y elepés. Era un negocio nuevo, con poca mercancía. El negocio fue avanzando. Llegué a tener seis joyerías, las cuales ya están cerradas.
- ¿Por qué?
- Pasó después del Mundial de Sudáfrica 2010. Por aquel entonces, recordará, el país vivía una situación de inseguridad tremenda. A la par, durante esos 28 años como comerciante de joyería, inicié un negocio inmobiliario de bienes raíces. Me empecé a dedicar a eso a tiempo completo. Las tiendas eran muy estresantes. Corres muchos riesgos además. Creo que tomé una buena decisión. Me ha ido bien. Lo más importante: el trabajo me permite seguir viajando, dándome mis hobbies, puedo manejarlo vía remota. Si me ven en todos lados con la Selección Mexicana es porque todo ha salido de mi bolsa. Con mi esfuerzo y trabajo.
- ¿Incluso hoy en día, que ya eres tan conocido?
- Últimamente he recibido apoyos de patrocinadores. Este año visité Qatar en cuatro ocasiones. Dos, gracias a firmas patrocinadoras. Ahora a ‘Caramelo’ se les facilitan más las cosas.
- ¿Los patrocinadores son recientes?
- Sí


No todo fue caramelo sobre hojuelas. No siempre las puertas han estado abiertas de par en par. En la Copa América de Venezuela, en 2007, terminó interrogado por la inteligencia bolivariana por la imperdonable afrenta de portar una máscara de Hugo Chávez con orejas de burro.

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- Se armó un gran alboroto en la grada. La gente no paraba de gritarme ‘y va a caer, este gobierno va a caer’. Y yo, en mi papel de Hugo Chávez, les decía que no. Y se prendían aún más. Cuando menos lo esperaba, ya tenía a todos los medios de comunicación alrededor.

Al medio tiempo de aquel cotejo en Maturín, un México vs. Paraguay de cuartos de final, la policía le requisó la máscara, pero no lo detuvieron. ‘Caramelo’ creyó que ahí había terminado todo. Una mala mirada y ya. Viajó entonces a Puerto Ordaz, ciudad en la que ‘El Tri’ enfrentaría a Argentina en la segunda semifinal del torneo, donde ya lo esperaba un ‘comité’ de bienvenida.

- Iba por la calle. Primero me tomaron fotos. Se veían medio sospechosos. Después me llevaron a un lugar, según me iban a regalar boletos. Me sentaron en una carpa. Me dijeron ‘oiga, su máscara es una ofensa para nuestro señor presidente. No está permitido que en este país se mofen de la figura presidencial’. Díganos para quién está trabajando. Quién está detrás de usted. Si nos dice la verdad, lo dejaremos libre inmediatamente’.

Pasaron 12 horas desde que ‘Caramelo’ explicó que no pertenecía a una conspiración de la CIA para derrocar al chavismo para que la policía lo dejara irse por su propio pie. Sin embargo, partió con una advertencia: iba a estar vigilado de cerca desde ese momento y hasta que saliera del país. Pidió unirse a la comitiva de la FMF, que se transportaba vía charter, porque temía que lo arrestaran al finalizar la participación del ‘Tri’ en la Copa. No sucedió.

- No volvería a Venezuela. No sé si quedé fichado. Mejor ni me arriesgo. No fue una experiencia nada agradable. No se lo deseo a nadie. Por eso hay que saber qué cosas puedes hacer antes de realizarlas En Qatar va a ser algo similar.


Caramelo habla en tercera persona. Es tan solicitado que ya necesita quien 'le lleve la agenda'. Odia el exceso de extranjeros en la Liga MX. Repite los lugares comunes de los programas de debate. Goza del fútbol como a los ocho años. La cerveza bien fría. Los partidos al sol. Acapararar cámaras y los micrófonos. Presumir a su Chihuahua querida. Orgulloso mexicano de cepa, quizá demasiado para los estándares del nacionalismo sano. Hombre de familia. Creyente de que el fútbol es un producto de exportación de ese ente denominado 'carácter mexicano', cualquier cosa que eso signifique. Y, sobre todo, poseedor de una fervorosa (y a veces lastimera) fe ciega. México casi siempre ganará, en los pronósticos de 'Caramelo'. En Qatar, a Polonia (2-1), a Argentina (1-0); concedió un empate a dos frente a Arabia Saudita. Porque México es el 'casi' hecho país. 'Caramelo' es el predicador del 'quinto partido': "Ahora sí lo habrá. Si Croacia pudo, ¿por qué nosotros no? Debemos ser conscientes de que nuestro nivel futbolístico no está para exigirle a la Selección, pero sabemos que en Mundiales la afición se la rifa, se la parte, y los jugadores también".


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A pesar de ser el ‘incondicional’ predilecto del ‘Tri’, la personificación del mote con el que las redes sociales de la FMF se refieren a su vasto ejército de aficionados, ‘Caramelo’ define su relación con los seleccionados como ‘distante’. “A veces nos comunicamos, a veces nos chateamos”. Sí, distante: “Con algunos hemos hecho amistad porque nos hemos topado en algún viaje familiar. Es el caso de la familia de ‘Memo’ Ochoa. Su familia y la mía hicieron clic. A veces me dice ‘oye, Caramelo, ¿me prestas a tus hijos? Y se los lleva a comprar un helado, al centro comercial. Las señoras se quedan platicando. Una vez Guardado me pidió una selfie; le dije ‘ah, caray, pero debería ser al revés’. Me dijo que su hijo le había preguntado si me conocía y que quería ser como yo”. ‘Caramelo’ ha cambiado el paradigma: son los futbolistas los que cazan a los aficionados, y sus hijos los que anhelan emularlo.


- ¿Vale la pena seguir a la Selección? ¿Tanto esfuerzo? ¿Tanto gasto?
- Mira, ha habido momentos muy bonitos. Cuando tuvimos la medalla olímpica en Londres 2012. Izar la bandera en Wembley. Ahí dije ‘después de tantas decepciones, después de tanto seguirla, vivir esto vale la pena’. Tampoco puedo de dejar de mencionar cuando ganamos la Copa Confederaciones en el Estadio Azteca, en 1999, ante Brasil. También tuve la fortuna de ver campeón a México en el Mundial Sub 17 en Perú, en 2005, y luego como local, en 2011. Esos cuatro campeonatos me han sabido a gloria. Han pagado los 36 años de estar detrás de nuestra selección.
- ¿Y hay alguna derrota que te haya dolido especialmente?
- El mayor desencanto fue, sin duda, en Corea-Japón, cuando Estados Unidos nos elimina con ese 2-0 que después se hizo burla. El famoso ‘no penal’ contra Holanda también. Ese no era penal. Todos cantamos al final el Cielito Lindo a pesar de perder. ¿Sabes? El mexicano está acostumbrado que, ante la victoria y la derrota, se nos resbalan las decepciones.


Qatar 2022 será el décimo Mundial de ‘Caramelo’. Será el primero al que irá con toda su familia: sus tres hijos, incluido ‘Caramelo Jr.’, el mayor, y su esposa. Los mecenas, una telefónica qatarí y una cervecera mexicana. “Ya les compré su outfit para que vayan vestidos de ‘Caramelos’, ríe. Solo él y su primogénito se quedarán hasta la final del campeonato. “Luego hay problemas con la señora para lograr el permiso. Hoy en día, es lo más problemático, además del tema económico, claro”, zanja el máximo ‘incondicional’, devoto del ‘Tri’, simpatizante de los Bravos de Ciudad Juárez de la Liga MX y de todo equipo con denominación de origen en Chihuahua, el ‘Nacho’ Calderón del norte, el joyero en retiro, el ‘espía’ a sueldo de la CIA, el ‘donjuan’ preparatoriano, el nacionalista irredento. Héctor. ‘Caramelo’. El niño de ocho años que solo quería aparecer en televisión en un Mundial de fútbol.

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