Civas vs América

El color del Clásico: la tribuna del silencio roto

A diferencia de los meses anteriores hoy existe un silencio roto: el de la tribuna. En una polémica decisión, el gobierno de Jalisco dio permiso para abrir las gradas.

El color del Clásico: la tribuna del silencio roto
Edgar Quintana Mexsport

Ocho meses después, parece que ya todos estaban acostumbrados a los gritos que hoy también se escuchan. “¡Mía, mía!”, dice Raúl Gudiño para que Miguel Ponce deje pasar y abrace la pelota entre sus manos. “¡Vas, vas!”, alienta más tarde el capitán Jesús Molina, para solicitar el apoyo de Fernando Beltrán en el medio campo.

Se percibe en las transmisiones de este futbol de pandemia. Pero se escucha también con claridad, en el Estadio Akron, durante el Clásico Nacional de esta noche entre Chivas y América. Pero a diferencia de los meses anteriores hoy existe un silencio roto: el de la tribuna. En una polémica decisión, el gobierno de Jalisco dio permiso para abrir las gradas en este duelo de Ida de los Cuartos de Final.

La experiencia es única de por sí. Es la sensación de un futbol distinto, justo el día en que este deporte llora por la muerte de Diego Armando Maradona, el hombre que le reveló al mundo una verdad pura: la pelota no se mancha. Este estadio que batalló durante 10 años para encontrar su propia voz, fue de repente silenciado por la pandemia de COVID-19.

Hoy, ocho meses y 24 días después de su último partido con aficionados, vuelve a recibirlos, aunque en número limitado. Los 5 mil 800 seguidores no son suficientes para callar la voz del campo. Los gritos de los jugadores todavía se escuchan hasta el palco de prensa. “¡Es tuyo, es tuyo!”, grita la defensa. Pero no lo es... pues de repente el compañero ya era superad por el adversario en el mano a mano.

Quizá esta cantidad de gente no basta para impedir que los gritos trasciendan el rectángulo verde. Pero si son suficientes para organizar la rebelión de una tribuna que no quiere más silencio. Truena primero el “¡Chivas, Chivas!”. Son pocos y distribuidos alrededor de todo el estadio, pero se les nota el sentimiento.

Luego se van contra el técnico visitante. “¡Piojo, Piojo, chingas a tu madre”, una y otra vez. Para apoyar, esta gente está dispuesta a lo que sea. Más tarde, mano dentro del área de América. El árbitro no señala y la afición juega su partido. Exige. Reclama. Y ante la negativa, castiga al silbante: “¡Culero, culero!”. Más tarde, el cántico que este estadio hizo propio: “Dale, dale, dale Rebaño”. Son pocos, pero se escuchan.

No es, ni de cerca, la sensación habitual que suelen tener los Clásicos. La noche es fría y el bullicio de la grada no es suficiente para impedir que se escuchen claros los gritos de la cancha. Pero la tribuna, en un año tan caótico que presenta pocas oportunidades para celebrar algo, parece tener su propio motivo para festejar: ha roto el silencio.