MAVERICKS 122-111 PISTONS

El concierto de Doncic conquista a México y tortura a los Pistons

El base esloveno encandiló a la afición mexicana con una de sus mejores actuaciones de la temporada y un triple-doble. Seth Curry también brilló, igual que Drummond y Derrick Rose.

El concierto de Doncic conquista a México y tortura a los Pistons
EDGARD GARRIDO REUTERS

La velada fue de Luka Doncic. Así como lo ha sido la temporada y, básicamente, toda noche en la que se haya presentado desde su prematuro debut en el Real Madrid, en 2015. Entonces era un niño aún. Enclenque, bisoño, quizá timorato, acaso flacucho, pero el baloncesto le borbotaba de las manos y la mente. Y hoy la noche fue suya, claro, como lo serán tantas. El esloveno firmó el primer triple-doble NBA en la Ciudad de México (41+12+11) y atormentó sin piedad a los Pistons (122-111), con notables roles secundarios de Seth Curry (28, 66% desde el triple) y la ensordecedora afición capitalina.

Habrá sido por el oxido (han pasado cuatro cinco desde su último partido), el mal de altura, las continúas reverencias a Luka Doncic o mera dejación, que los Mavericks se encasquillaron al cabo de tres minutos. El parcial de 9-2 a favor de los Pistons obligó a Carlisle a llamar a filas. El toque rindió efectos inmediatos. Luka Doncic encontró los libres extraviados, también su triple, y Curry se integró a la clínica de lanzamiento desde la tercera dimensión. La ignición del 'Niño Maravilla' de Eslovenia fue instantánea. Y ciclónica. Terminó con 15 puntos la primera entrega; y los Mavs, con un parcial de 34-29, adornado por una tapa sideral de Porzingis; mazo que resonó en las ferrerías de Azcapotzalco.

Con Luka en reposo, quizá auxiliado por los tanques de oxígeno, el público de la Arena Ciudad de México, más festivo que en otras veladas, acogió a Derrick Rose como ídolo. El MVP más joven de los tiempos, defensor empedernido, dibujante del crossover más imposible y pases inimaginados, elegante exponente de un estilo de juego que quizá no volverá, se regodeó en el mimo con un giro de mera rúbrica que hipnotizó a Kleber. Sin embargo, los Mavs abrieron brecha gracias a dos triples de su francotirador por excelencia: Seth Curry (que, sí, porta más que el apellido, una alucinante puntería asesina). La abrupta deserción de Luka valió para que los Pistons percutieran con juego interno, aunque el triple de Kennard cambió el partido de signo (51-53). Al rescate de los texanos arribaron Luka, con su fantasioso crossover entre piernas para abrir el mar entre Drummond y Kennard y su bandeja de reversa, y los obuses teledirigidos de Curry desde ambas esquinas. Ambos se combinaron para sumar 46 puntos en la primera mitad (65-58). El dúo dinámico. Vaya, Nash y Finley, con más glamour.

Porzingis se conectó al tomacorriente y los Mavericks sometieron con electrochoques. La energía activó en neón a Dallas y Luka se apropió de la palanca. El esloveno tiró de repertorio y Porzingis aportó la puntilla final. El tándem europeo, forjado tras las ruinas del Pacto de Varsovia. El alley-oop de reversa de Luka y el mate de Kristaps fue baloncesto sexual. Doncic sumó y siguió. Step-back, finger roll con queja al juez de por medio, y dos libres que bastaron para ganar un segundo y merecido descanso. El parcial de 93-69 se esfumó en cuanto Doncic cogió aire y Rose ejerció de relevo sentimental. Un nuevo arcoiris suyo, secundado por otro de Morris, redujo la brecha a 10 puntos.

Los Pistons palidecieron sin respuesta a las triquiñuelas de Luka, la artillería de Curry y la asistencia de la segunda unidad, liderada por Brunson y Jackson. Luka volvió al parqué solo para retomar justo donde lo dejó; nigromante de leyenda, maestro de Houdini y los fundamentos del juego, y Porzingis como ideal compañero de farra. Otra combinación aérea arrancó a la feligresía de sus asientos y decretó el comienzo de los 'minutos de la basura' que cumplieron la función de llevar a Doncic al triple-doble y escenificar el brutal tratamiento facial de Porzingis a Drummond. El partido escurrió sin drama pero con estética. El bloqueo mortal-kombat de Powell, el conmovedor ritual de resilencia de Rose, las asistencias a ciegas de Luka. Y el 51% de campo de los Mavs, la absoluta superioridad en la pintura (51/33) y en puntos de transición (48+44). Y la coronación de un nuevo rey. No está más Dirk Nowitzki. Es el reinado de Luka Doncic.