CHAMPIONS LEAGUE

Surinam, Guinea, Kenia; el corazón 'modesto' del Liverpool

Champions League Semi Final - Liverpool v FC Barcelona

PHIL NOBLE

REUTERS

Divock Origi, Georginio Wijnaldum y Naby Keïta son piezas clave en el engranaje de Jürgen Klopp. Sus orígenes están en países lejos de los reflectores futbolísticos.

Ciudad de México

'You'll Never Walk Alone', retozaba Anfield Road. La sinfonía de la épica. La grandiosidad. La monstruosidad. En una noche de Champions, una noche sin parangón, el Liverpool obró uno de sus habituales milagros marca-Europa, atestiguados en 2005 y 2016, y regresó un marcador imposible de 3-0 frente al todopoderoso Barcelona de Lionel Messi para clasificar a la final de la UEFA Champions League. Cobijado por un Anfield Road en efervescencia, conjurado para enmarcar e impulsar la epopeya, todas las variables de la épica se concatenaron, una por una: el hotel 'Hope' (esperanza), Klopp en silencio, aparentemente resignado; la feligresía de Anfield entregada sin pesares, la desaparición de Messi, You'll Never Walk Alone, el inicio fulgurante, la calma aparente, el tsunami devastador. El himno que consagra la fidelidad afición-Reds dio paso a 'Imagine', de John Lennon, que resonó por las bocinas de Anfield.

La épica del Liverpool no solo está en el heavy metal de Klopp. O en el encantamiento de Anfield. Su morriña y su magia. En su propensión a la imposibilidad. También está en lo variopinto de su sangre. Los caminos que desembocan en el Puerto de Liverpool. Desde la lejana Gharbia de Mohamed Salah, el inhóspito Sédihou donde vio a la luz por ver primera Sadio Mané, o la doliente Gnjilane en Kosovo, orgullo e identidad de Xherdan Shaqiri, arrasada por las Guerras Mundiales, el odio racial y la barbarie paramilitar; la señorial águila bicéfala albano-kosovar que conmovió al mundo en Rusia 2018. Y en el mosaico multicolor también deslumbra el Surinam que corre en la sangre de Georginio Wijnaldum, la Guinea de Naby Keïta, y la Kenia impregnada en la piel de Divock Origi.

De Suriname a Kenia

Wijnaldum nació en Rotterdam en 1990, hijo de padres surinameses divorciados antes de su nacimiento. Suriname, antigua colonia neerlandesa en Sudamérica, ganó su independencia en 1975, pero mantiene un profundo nexo cultural-identitario con su 'madre patria'. Mientras los golpes militares Dési Bouterse asolaban a la nación, hordas de familias emigraban con un futbolistas en ciernes entre brazos. Algunos ya contaban con el pasaporte holandés, nacidos durante periodo colonial. Lejos de la espléndida Paramaribo, con sus casonas en buhardillas, tejados coloridos y balcones inmensos, florecieron Jimmy Floyd Hasselbaink, Edgar Davids, Clarence Seedorf y Aron Winter. Y Ruud Gullit y Frank Rijkaard, tan surinameses como Wijnaldum: holandeses de sepa y tierra, pero Suriname en el corazón. La sangría ha robustecido a la 'Naranja Mecánica'; Gullit y Rikjaard construyeron, junto a Marco Van Basten, el máximo titulo del fútbol holandés (la Eurocopa de 1988), mientras Seedorf, Davids y Winter iluminaron el Mundial de Francia '98. 

Naby Keïta, heredero del mítico '8' de Steven Gerrard, nació en Conakry en 1995, durante el gobierno autocrático de Lansana Conté, asesinado 13 años después en el golpe de Estado comandado por Dadis Camara. Después de un paso por el Horoya de su natal Conakri, viajó a Francia junto a su compatriota Guy-Michel Landel (actual jugador del Giresunspor turco). Después de pruebas sin éxito en el Lorient y Le Mans, logró enrolarse con el FC Istres. Ahí comenzó su vertiginoso ascenso hasta la cima del fútbol mundial, pasantías mediante en Leipzig y Salzburgo, gema predilecta del proyecto Red Bull. A la par, Keïta abandera a su novel selección nacional, cuartofinalista en la Copa Africana de Naciones de 2015, pero inédita en Copas del Mundo. 'Los Elefantes Nacionales', vestidos de carmesí y dorado, han estado bajo la mira de FIFA por injerencias gubernamentales, y hoy se encomiendan a Keïta para asaltar el escenario. En su contra juega la precaria infraestructura y situación política-social del país, situado en el puesto 175° (de 189) del Índice de Desarrollo Humano de 2018. El fútbol como un bálsamo en la golpeada Guinea.  

El padre de Divock Origi es el legendario Mike Origi, el futbolista keniano más notable de todos los tiempos, alma de las 'Estrellas de Harambee' en sus únicos asomos al plató internacional en las Copas Africanas de 1990, 1992 y 2004. A lo largo de su estancia en el Oostende, Bélgica, la familia Origi, de etnia luo, recibió y crió a Divock bajo el amparo de la pelota. Su tío, Agustin Oduor, y su primo Arnold, también se han desempeñado en el balompié. Después de su irrupción en la Copa del Mundo de Brasil, como convocado de los 'Red Devils' de Marc Wilmots, el Liverpool se convenció de sus aptitudes, invirtió 10 millones de euros para desvincularlo del Lille, lo cedió por una temporada al Wolfburgo (2017-2018), y lo recuperó para que hiciera historia la noche del 7 de mayo. Como Wijnaldum. Como el Liverpool.