El deporte en gobiernos de izquierda: Venezuela, Brasil, Bolivia... ¿el espejo de México?
Lula da Silva, presidente de Brasil 2003-2010

REPORTAJE | DEPORTE Y GOBIERNO

El deporte en gobiernos de izquierda: Venezuela, Brasil, Bolivia... ¿el espejo de México?

La administración de Andrés Manuel López Obrador ya ha bosquejado cómo será su dirección en torno al deporte. Analizamos modelos de regímenes de signo político similar: incentivos, resultados, hitos, intervenciones.

El 1 de diciembre de 2018, México entró en una nueva era cuando Andrés Manuel López Obrador juró como el 65° presidente en la historia del país. En su discurso de toma de protesta, el exjefe de gobierno de la Ciudad de México enarboló la bandera de su proyecto político a lo largo de su trayectoria: combate a la corrupción, austeridad y recuperar la confianza en las autoridades y las instituciones. Su primer mensaje a la nación también mostró su declaración de intenciones en políticas públicas, aunque el deporte quedó relegado a una somera mención: “Se otorgarán 10 millones de becas a estudiantes en todos los niveles de escolaridad, se crearán 100 universidades públicas, se fomentará el deporte y las actividades artísticas, la ciencia y la tecnología”, fue la única referencia al deporte a lo largo de su discurso.

No obstante, durante la campaña presidencial y, sobre todo, en plena transición post-electoral, no solo hizo públicos los ejes del proyecto deportivo durante su administración (2018-2024), sino que refrendó su ya reconocida afición por el béisbol, tan popular en su natal Tabasco. A lo largo de la campaña que lo llevó a la silla presidencial, utilizó argot beisbolero para referirse, en forma irónica, a la coyuntura política. Incluso, ha compartido varios vídeos en los que se muestra uniformado sobre la caja de bateo mientras practica su ‘swing’, o en vigilancia de los jardines, con el guante firme para recibir la pelota. “Vamos a ganar por blanqueada y a la ofensiva batearemos jonrón con casa llena”, vaticinó en los días previos al inicio oficial del proceso electoral. El adagio se cumplió en las urnas.

El 14 de agosto de 2018, el entonces presidente electo tuiteó los tres pilares que conformarán su visión del deporte desde el Estado: universalizar la actividad física y deportiva bajo un enfoque de política de salud y bienestar; potenciar el alto rendimiento para incrementar los resultados de los atletas nacionales a nivel internacional; y el apoyo directo al béisbol. La pieza angular de la nueva administración federal es Ana Gabriela Guevara, medallista olímpica en Atenas 2004 y flamante directora de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE), sucesora del polémico Alfredo Castillo, encargado del organismo estatal en los últimos tres años del sexenio de Enrique Peña Nieto. La gestión de Castillo, quien nunca había ejercido un cargo de política deportiva previamente, estuvo marcada por la fiscalización de los recursos adjudicados a las federaciones, el escrutinio sobre los presidentes de las mismas (algunos, acusados de peculado y malversación) y los desalentadores resultados en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 (cinco medallas en total: tres platas y dos bronces).

La sonorense, quien es la primera mujer en la historia en dirigir la Conade, refrendó la directriz, con aires reformistas, que seguirá el deporte mexicano a lo largo del sexenio: “Que logremos impulsar y hacer una cara nueva del deporte, una nueva relación tanto con los deportistas como toda la estructura administrativa”, aseguró en tu toma de posesión, en enero. Guevara, de hecho, acompañó a Andrés Manuel López Obrador en el Estadio "Francisco Carranza Limón de Guasave, el pasado 27 de enero, donde anunció, junto a los presidentes de la Liga Mexicana de Béisbol y la Liga Mexicana del Pacífico, la incorporación de Sultanes de Monterrey y Algodoneros de Guasave al torneo invernal (LMP). El evento sirvió como presentación oficial del proyecto deportivo de la administración. “Va a haber béisbol y bienestar en Guasave”, sentenció bajo el sol sinaloense.

Andrés Manuel López Obrador, en Gusave, Sinaloa
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El primer gobierno de izquierda en México vislumbrará, al menos en teoría, al deporte como una herramienta de calado para la reconstrucción de la sociedad mexicana, lastrada por la corrupción y la galopante violencia que ha generado más de 40,000 desapariciones, según las cifras estipuladas por Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación. Las dudas sobre la intromisión del gobierno en la esfera privada (ligas, equipos) y la certidumbre que genere Conade como cabeza del proyecto serán puestas a escrutinio. ¿Qué curso tomará la política deportiva de AMLO? Los ejemplos recientes de Venezuela, Bolivia y Brasil, cada cual con sus matices y sus particularidades que las distinguen de cada cual, podrían arrojar luz sobre el futuro.

Venezuela: “El atleta primero le gana al país, y luego, al rival”

El gobierno, desde la llegada de Hugo Chávez al poder, hace 20 años, empezó a tomar el deporte como parte de su bandera política. El modelo se ha mantenido, ahora bajo el régimen de Nicolás Maduro. El máximo organismo rector del deporte en Venezuela es el Ministerio del Poder Popular para la Juventud Popular y Deportes, producto de la fusión de dos ministerios; su encargado actual es Pedro Infante, quien ostenta el cargo desde 2017. El Ministerio asigna los recursos, planifica e, incluso, invierte en la activación de ligas profesionales. A través de él, Pdvsa (Petróleos de Venezuela, la empresa estatal que controla la industria petrolífera en el país) entregó 12 millones de dólares (a tasa preferencial) para beneficio de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. En paralelo, aunque fuera de la estructura estatal, se encuentra el Comité Olímpico Venezolano, que no cuenta con competencias para planificar y ejecutar cualquier tipo de recursos provenientes del Estado.

La formación de nuevos atletas se gestiona a través de las Unidades de Talento Deportivo y del mismo IND, que implementa los mecanismos para detectar a los prospectos. La estructura ha tenido aciertos al momento de encausar a un deportista hacia la disciplina correcta con base a sus características. El ejemplo perfecto es el de Yulimar Rojas, medallista olímpica de plata en Río 2016 en salto triple, quien, dos años antes, jugaba voleibol. Dependiente del Ministerio, el Instituto Nacional del Deporte ejecuta administrativamente las acciones de su órgano superior, incluida la gestión de los recursos financieros. El Ministro de Deportes también es el presidente del IND. El Instituto no puede ejercer independientemente, pues necesita de la providencia administrativa del Ministerio.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela de 1999 a 2013, fue un fanático del béisbo
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Hugo Chávez, presidente de Venezuela de 1999 a 2013, fue un fanático del béisbol

La influencia directa del gobierno sobre las federaciones se ilustra en el puesto de vicepresidente que tiene Pedro Infante en la Federación de Fútbol, que sufrió el proceso judicial de su expresidente Rafael Esquivel, involucrado en el FIFAGate en 2015. Según la investigación del departamento de Estado de EEUU, Esquivel habría cobrado comisiones de millones de dólares a cambio de la concesión de derechos de transmisión televisiva de Copas América. La Federación, eso sí, no fue intervenida por el gobierno, como sí ocurrió en el caso de la federación de boxeo en 2013, cuya junta directiva fue disuelta. En 2018, la Fevebox enfrentó un caso de dualidad de poderes: por un lado, Elvis Sánchez, reconocido por el IND, y por el otro, Luisa Benítez, con el aval de la Asociación Internacional de Boxeo y el Comité Olímpico Venezolano. El conflicto evitó que la delegación de pugilistas acudiera al torneo de Tijuana, clasificatorio para los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018. Actualmente, Benítez ejerce como la presidenta ante las instancias internacionales. La Federación de Baloncesto también fue intervenida, al forzar la salida del presidente Carmelo Cortez, en el cargo desde 1993, a través del Consejo Nacional Electoral, que es el órgano que rige los procesos electorales. Se impuso una comisión interina y, hoy en día, la Federación tiene reconocimiento interino de la FIBA. Bruno D’Adezzio fue electo para dirigir la organización en abril de 2018 y enfrentó un intento de escisión de directivos opositores a su nombramiento.

Las ligas, no obstante la inversión del gobierno, son de carácter profesional y también tienen patrocinios privados. La más importante de todas es la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Juan José Sayago, periodista que trabajó en los departamentos de comunicación del Ministerio y del Comité Olímpico Venezolano, conoce como pocos los entresijos; explica la importancia del juego de pelota como aglutinador en una sociedad desquebrajada por la crisis: “Cuando se intentó parar la final, hubo una presión por parte del gobierno para que no pasara. Dentro del estadio de béisbol hay otro país, uno que toma wifi, que consume, que paga entradas, que parece que no tiene problemas”, explica a AS.

Gran parte de los recursos que el Estado venezolano invierte al deporte provienen, en teoría, del Fondo Nacional del Deporte, que exige a todas las empresas constituidas en Venezuela a ceder el 1% de las ganancias netas anuales. La fiscalización de los fondos no la realiza la Contraloría General de la República, sino una oficina asignada por el Ministerio. La inversión de los recursos corresponde al IND. Para Sayago, el esquema es dudoso: “No hay un proyecto macro que justifique la cantidad de dinero que se otorga a través ese impuesto”.

Cada vez menos medallas

A pesar de la intervención del gobierno en la estructura del deporte venezolano, los resultados a nivel internacional no han reflejado los esfuerzos. En 20 años de chavismo, Venezuela ha cosechado siete medallas olímpicas: un oro, dos platas y cuatro bronces. El primer lugar, conseguido por el esgrimista Rubén Limardo en Londres 2012, fue apenas el tercero que consiguió la delegación bolivariana en 18 apariciones en la máxima justa deportiva mundial. En Sídney 2000, Venezuela no apareció en el medallero y, cuatro años después, en Atenas, rompió una racha de 20 años sin metal, gracias al tercer lugar de Adriana Carmona en taekwondo femenil, categoría 67 kg; la anterior, colgada en el pecho de Rafael Vidal en 200 metros mariposa de natación, databa de Los Ángeles ’84. En Río 2016, la delegación completó su mejor actuación en cosecha total; dos platas (Yulimar Rojas, en salto triple, y Yoel Finol, boxeo peso mosca) y un bronce (Stefany Hernández, en ciclismo BMX), que colocaron a Venezuela en el puesto 65° del medallero. La suma total de metales a lo largo del historial olímpico, actualizado tras la justa brasileña, es de 17.

Rubén Limardo, medalla de oro en Londres 2012
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Rubén Limardo, medalla de oro en Londres 2012

Los resultados en los Juegos Olímpicos son paralelos a un paulatino descenso en competencias regionales. Los primeros Juegos Panamericanos bajo el régimen chavista fueron los de Winnipeg 1999, celebrados cinco meses después de la toma de posesión de Hugo Chávez como presidente. Sin embargo, debido a la cercanía de los eventos, conviene evaluar los resultados de los Juegos de Santo Domingo 2003. Entonces, la delegación ‘bolivariana’ sumó 16 oros, 21 platas y 27 bronces, 64 en total para establecerse en el sexto lugar general. Fue la mejor actuación del contingente venezolano desde 1999. Desde entonces, un leve declive progresivo. 12 oros en Río 2007 (70 total y 7° en el medallero), 12 en Guadalajara (71 y 8°) y ocho en Toronto (50 y 8°). La tendencia se acentúa en los Juegos Centroamericanos y del Caribe: de las 114 preseas áureas en Mayagüez 2010 hasta las 34 de Barranquilla 2018. Cabe matizar que en Mayagüez, Cuba no participó. Eso sí, en los Juegos Bolivarianos, Venezuela mantiene su poderío, que lo lleva a competir palmo a palmo con Colombia por el primer lugar de la tabla.

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Las razones de la desaceleración son diversas. Sayago identifica causas como la dificultad para conseguir patrocinios, a causa de la política gubernamental y de la crisis económica que azota al país, así como la ausencia de un plan deportivo integral, pese a las injerencias. “El atleta primero le gana al país y luego, al rival. La curva de crecimiento no corresponde con la realidad del país”, sentencia. Los éxitos deportivos obedecen, más bien, a un esfuerzo individual o focalizado y no a un plan estructural: “La mayoría de los atletas que hoy obtienen resultados, es porque forman parte de planes estratégicos ya elaborados desde hace 8-10 años”. El ejemplo modélico del éxito por iniciativa propio es Ruben Limardo, oro en Londres 2012 en esgrima, hazaña producto de un proyecto familiar: “Llevan más de 20 años en Polonia, han formado varias generaciones de esgrimistas. Es un éxito, pero no de la federación de esgrima”. Sin embargo, el gobierno no ha pagado los premios económicos que Limardo merecía por su medalla.

Venezuela en Juegos Olímpicos en chavismo (1999-actualidad)

Sídney 2000 | 0

Atenas 2004 | 2 | dos bronces: Israel Rubio, halterofilia – 62 kg | Adriana Carmona, taekwondo - 67 kg

Pekín 2008 | 1 | Dalia Contreras, taekwondo - 49 kg

Londres 2012 | 1 | oro: Rubén Limardo – esgrima espada individual

Brasil 2014 | 3 | dos platas: Yulimar Rojas, atletismo, salto triple femenil, Yael Finol*, boxeo, peso mosca | un bronce: Stefany Hernández, Ciclismo BMX.

*Subió por descalificación del ruso Misha Aloyan

Venezuela en los Juegos Centroamericanos
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Venezuela en Juegos Bolivarianos (1999-actualidad)

Ambato 2001 (Ecuador) | 189 oros | 145 plata | 80 bronce – 414 total

Armenia y Pereira 2005 (Ecuador) | 179 oros | 181 plata | 116 bronce – 470 total

Sucre 2009 (Bolivia) | 200 oros | 168 platas | 108 bronce – 476 total

Trujillo 2013 (Perú) | 166 oros | 135 platas | 113 bronce – 414 total

Santa Marta 2017 (Colombia) | 213 oros | 136 platas | 111 bronce - 460 total

Otra limitante son las trabas impuestas a los patrocinadores. La Ley Orgánica del Deporte de 2011 delimitó la posibilidad de auspicio particular. El artículo 64 decreta: “El patrocinio comercial que tenga como destinatario algún atleta se regirá por lo previsto en el Reglamento de la presente Ley”, lo que obliga al Registro Nacional del Deporte, la Actividad Física y la Educación Física a auditar cualquier contrato. “Si algún atleta logra completar algún acuerdo, tiene que ser con un agente externo, o alguien que lo maneje fuera del país”, desarrolla Sayago. Esto dificulta la posibilidad del atleta para conseguir material deportivo para su entrenamiento diario.

Brasil, el gigante dormido

Entre 2014 y 2016, Brasil fue el epicentro del deporte mundial. Albergó el Mundial de la FIFA y los Juegos Olímpicos consecutivamente, algo que solo dos países habían hecho previamente: México (1968 y 1970) y Alemania (1972, 1974). La reputación ‘brasileira’ está sostenida por los éxitos de sus selecciones de fútbol y voleibol, sus basquetbolistas, sus nadadores, sus yudocas, su cultura del ‘jogo-bonito’ y la devoción que causan sus futbolistas alrededor del planeta. No obstante, no fue sino hasta 1995, durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, cuando Brasil creó su Ministerio del Deporte, que entonces tenía carácter oficial de “Extraordinario”, pues existía una Secretaría de Deportes vinculada al Ministerio de Educación. El primer ministro fue, nada más y nada menos, que Pelé. En 1999, se unificaron las carteras de Educación y Turismo y, ya bajo el gobierno de Lula da Silva, el Ministerio adquirió identidad propia.

Las administraciones de Lula da Silva y Dilma Rousseff, que auparon al Partido de los Trabajadores por primera vez a la jefatura del Estado brasileño, se caracterizó por una intensa inversión en materia deportiva. La conformación del Ministerio único en 2003 fue una declaración de intenciones. “Hubo más patrocinios, más incentivos al deporte de alto rendimiento. Sin embargo, nunca hubo jamás una política nacional de deporte en el sentido de formación de atletas de alto rendimiento”, detalla el periodista Felipe Pamplona. En el mismo tenor se refiere Juca Kfouri, reconocido comunicador brasileño con trayectoria en ESPN, O Globo y, actualmente, en UOL: “En Brasil jamás se comprendió que el deporte, antes que nada, es un factor de salud pública. Se piensa en ganar medallas, en hacer bien unos Juegos”, reflexiona.

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Rafaela Silva, campeona olímpica en yudo en Río 2016

Entonces, ¿a qué se deben los notables resultados de Brasil en Juegos Olímpicos (19 medallas en Río 2016, siete oros y 13° en el medallero) en Mundiales y en diversas competencias deportivas en conjunto e individuales a nivel internacional? Generación espontánea, pequeños milagros que se replican por decenas, pero un promedio bajo en la relación medalla-población. La web ‘medalspercapita’, basada en los resultados de Río 2016, grafica a Brasil en el puesto 72 de todas las naciones ganadoras de al menos una medalla en los Juegos (87) en el promedio de presea entre población total: una condecoración por cada 10,939,343 personas. El caso más emblemático es el del extenista Gustavo Kuerten, tricampeón de Roland Garros. “Surgió de la nada, por su propio esfuerzo y el de su familia. Hubo un gran boom del tenis en Brasil, pero no se aprovechó para que ‘Guga’ formara una nueva generación de tenista”, desarrolla Kfouri en plática con AS.

Pese a la baja media y la ausencia de plan un integral, el deporte brasileño ha presentado un desarrollo sostenido desde la paupérrima presentación en Sídney 2000, cuando la cosecha fue de seis platas y seis bronces, sin oros (53° lugar en el medallero). A la siguiente edición de los Juegos veraniegos, en Atenas, Brasil cayó en la producción total (10), pero consiguió cinco primeros lugares, su mejor número histórico, hasta Río 2016. La tendencia también es comprobable en los Juegos Panamericanos. De Santo Domingo 2003, primer compromiso con el Partido de los Trabajadores en el gobierno, donde recolectaron 29 oros y 123 preseas en total, hasta los 42 títulos panamericanos y 141 podios en Toronto 2015. El punto de inflexión fue Río 2007, cuando el contingente local casi duplica el número de oros de cuatro años antes (52 y 157 medallas).

Brasil en Juegos Olímpicos en gobiernos de Lula y Dilma (2003-2016)

Atenas 2004 | 5 oros, 2 platas, 3 bronces | 10 total | 16° medallero

Pekín 2008 | 3 oros, 4 platas, 8 bronces | 15 total | 22° medallero

Londres 2012 | 3 oros, 5 platas, 9 bronces | 17 total | 22° medallero

Río 2016 | 7 oros, 6 platas, 6 bronces | 19 total | 13° medallero

Brasil en Juegos Internacionales
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Apoyo de hasta 5,381 dólares a atletas

En los primeros meses de gestión, el gobierno de Lula da Silva comenzó la aplicación de la Ley de Responsabilidad Social del Deporte (discutida durante la era de Henrique Cardoso), una normativa llamada a “moralizar” el deporte a través del exhorto para divulgar públicamente sus balances financieros, además de estipular penas de cárcel para dirigentes que incurran en casos de corrupción. La ley también prohibió que futbolistas menores de 18 años salieran del país para enrolarse en clubes extranjeros. En conjunto, el gobierno hizo facultativo ‘Estatuto del Torcedor’ (aficionado), que obliga a las autoridades a garantizar la seguridad y los derechos dentro del estadio: el acceso a agua potable dentro del recinto, mejorar la higiene y la infraestructura, facilitar los servicios médicos, salvaguardar el derecho de sentarse y que su número corresponda con su boleto de ingreso.

Aunado a ello, la administración de Dilma Rousseff aprobó un paquete de incentivos, mediante decretos y leyes, de cara a los Juegos Olímpicos de Río. Uno de los más destacados fue el ‘Plan Brasil Medallas’, que tenía el objetivo (al final, incumplido) se situar a Brasil entre el top 10 del medallero en los Juegos. Para ello, el Estado invirtió mil millones de reales entre 2013 y 2016 en dos conceptos: programas de apoyo directo al atleta (entre 5,000 y 15,000 al año, equivalentes a un máximo de 77,109 pesos mexicanos) y para la adquisición y mantenimiento de equipo deportivo (hasta 20,000 reales por deportista; 102,812 pesos); y para la construcción y remodelación de centros de entrenamiento. Para ello, el gobierno se valió de empresas estatales como Banco do Brasil, Caixa Económica Federal y Petrobras. Otra iniciativa fue la ‘Ley de Incentivo al Deporte’, implementada en 2007, con un subsidio de 869 millones de reales para tres ejes de política social: proyectos de deporte como recreación, alto rendimiento y educación. La Ley concede exenciones fiscales de hasta el 6%; personas físicas pueden deducir impuestos si la persona física crea un proyecto deportivo de impacto en la comunidad.

El legado olímpico, a la deriva

En 2009, empujados por el 'efecto Lula', el Comité Olímpico Internacional concedió la sede de los Olímpicos a Río de Janeiro durante su congreso anual en Copenhague. Lula fue el padrino y promotor de la candidatura. El triunfo político fue suyo. Brasil se presentaría como una potencia global. 10 años después, el país acoge la idea de que ha perdido una oportunidad histórica de aprovechar los Juegos Olímpicos para fortalecer sus instituciones deportivas e implementar un proyecto nacional. El símbolo de la ocasión perdida son los estadios en abandono. “Se hablaba de que Brasil se tornaría una potencia deportiva después de los Olímpicos. Brasil ha hecho una inversión enorme que, tan pronto terminaron los Juegos, se cerró. La ciudad olímpica hoy está prácticamente olvidada, es un panorama muy sombrío. Los gobiernos populares, de izquierda, tristemente no cambiaron este cuadro”, lamentó Kfouri. El Mundial también dejó una colección de elefantes blancos, prosigue Kfouri: “Lula se dejó llevar por una política gigantesca de hacer la Copa en 12 ciudades en vez de ocho, que era lo mínimo que exigía FIFA, todo por una tentativa de demostración de que Brasil era un país de primer mundo, cuando sabemos que no es verdad. Brasil es Brasil, con todas sus carencias”.

Entidades, organizaciones y el mismo gobierno brasileño han quedado endeudados pero, en contraparte, el pueblo brasileño no ha tenido que soportar la carga. La construcción de varios estadios del Mundial 2014 ha sido señalada por presuntos casos de corrupción y sobrepagos. La Arena Corinthians, escenario en el que se inauguró la cita mundialista con el partido entre Brasil y Croacia, fue erigido por Odebrecht como un “regalo” para Lula, recalcitrante aficionado del ‘Timao’, según revelaciones que el diario Folha de Sao Paulo adjudicó al presidente del consejo de administración del conglomerado, Emilio Odebrecht. Como contexto, la facturación de la empresa constructora se multiplicó por siete durante los años de gobierno del PT (2003-2015). El estadio, según Folha, tuvo un costo total de 1,200 millones de reales, un 50% más que su presupuesto original.

La era Bolsonaro no aporta mejores perspectivas para el deporte brasileño. En una de sus primeras acciones de gobierno, el presidente, ligado a la extrema derecha por sus controvertidas posiciones políticas, suprimió al Ministerio de Deportes (junto al de Desarrollo Social y Cultura) y degradó su jerarquía para convertirlo en una Secretaría. Con este movimiento, la nueva Secretaría quedó subordinada al Ministerio de Ciudadanía, a cargo de Osmar Terra. Marco Aurelio Costa Vieira, director de operaciones del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Río, liderará una Secretaría que tendrá tres áreas de acción: atención al alto rendimiento, fútbol y deporte de inclusión/ocio. “Podría haber sido mejor si Brasil hubiera sabido aprovechar la gran oportunidad de negocios, de deporte, y de proyecto para imagen del país. Brasil no lo trató con la debida importancia”, aseguró Costa al tomar posesión de su cargo.

Lula da Silva, supervisando la construcción de la Arena Corinthians
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Lula da Silva, supervisando la construcción de la Arena Corinthians

Bolivia, todo por delante

El éxito deportivo a nivel internacional no es algo común en Bolivia. El país andino jamás ha ganado una medalla olímpica y solo ha reportado ocho preseas en Juegos Panamericanos, sin ningún oro en la cuenta. Por ende, Bolivia ocupa el último lugar en la lista de países latinoamericanos con preseas en la justa americana. El primer atleta boliviano en llegar al podio continental fue William Arancibia, plata en taekwondo, categoría -70 kg., en La Habana 1991. Durante el gobierno de Evo Morales, que comenzó el 22 de enero de 2006, Bolivia se ha presentado en tres Juegos Panamericanos (Río 2007, Guadalajara 2011 y Toronto 2015) con cosecha de una plata y cuatro bronces, todas en racquetbol. En Juegos Bolivarianos, el contingente solía conducirse con dominio (131 medallas y 19 oros en la edición de Sucre 2009), hasta la expansión de seis a 11 países en Trujillo 2013 (Perú); ahí, la producción cayó a 32 metales y siete oros. En la cita más reciente, en Santa Marta 2017 (Colombia), los atletas bolivianos repitieron total, pero cayeron en primeros lugares (5).

El Ministerio de Deportes, que tiene su cartera propia, es el órgano encargo de regular la práctica deportiva en Bolivia. Fue creado en 2014 mediante un decreto del presidente Evo Morales; hasta antes, esas funciones recaían sobre el Ministerio de Salud y Deportes a través de un relegado viceministerio. El ministro actual es Tito Rolando Montaño, exfutbolista profesional, seleccionado que disputó las eliminatorias previas al Mundial de Italia 90’ y vistió los colores de los equipos más importantes del país: Bolívar y The Strongest. Bajo él, en el orden jerárquico, hay dos Viceministerios: el de Deportes, dirigido por René Marcelo Ortubé; y el de Formación Deportiva, con Cristhian Paul Cardozo Huanca a la cabeza. Ortubé vigila dos secciones; una es la dirección nacional de fútbol, encargada de incentivar la práctica del balompié en el país a través de torneos amateur como la Copa de Estado Plurinacional; y la dirección del deporte federativo, profesional y competitivo. Es, precisamente, el fútbol el deporte predilecto de Evo Morales, al cual ha invertido sus mayores esfuerzos y el que practica asiduamente; el mandatario no duda en hacer espacios en su agenda para aparecer en cotejos con fines benéficos. De hecho, llegó a entrenar con San José de Oruro y, en 2014, fue anunciado como refuerzo del Sport Boys de la Primera División, sin embargo, no logró debutar.

La práctica deportiva en Bolivia está regida por la Ley Nacional del Deporte 804, aprobada en mayo de 2016. El objetivo de la normativa fue incrementar la presencia del Estado en la coordinación con los dirigentes de las asociaciones de las disciplinas deportivas, en tanto la Constitución del país reconoce a la práctica física como derecho humano. El Ministerio asigna los recursos a las federaciones y tiene el poder de conformar nuevas federaciones, conforme a “situaciones especiales que así lo justifiquen”. Sin embargo, la aprobación de la Ley tuvo detractores, como Marco Arze, presidente del Comité Olímpico Boliviano, quien consideró que la norma otorga demasiada injerencia al Estado y que eso puede llegar a contradecir los postulados de la Carta Olímpica: “El Ministro prácticamente define todo, eso no es lo idóneo, porque las federaciones deben cumplir su rol”, aseguró en declaraciones recogidas por el diario Los Tiempos.

Evo Morales, presidente de Bolivia
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Una de las principales iniciativas de Morales fueron los Juegos Estudiantiles Plurinacionales, una competencia mutlidisciplinar anual que aglutina a estudiantes de todo el país; cada atleta representa a uno de los nueve departamentos territoriales. La primera edición fue en 2010, en Orinoca, ciudad de origen del presidente. La justa también lleva el nombre de “Presidente Evo”. Pese al éxito de la medida como método de detección, el desarrollo del deporte en Bolivia aún tiene asignaturas pendientes. Un artículo publicado en el diario La Razón en 2012 identifica ocho razones por las que las medallas olímpicas aún están lejos de llegar al país: menos población, falta de interés en las escuelas, infraestructura insuficiente, presupuesto reducido, no hay seguimiento a los procesos, fallas en la Ley (la anterior, promulgada en 2004), falta de capacitación a entrenadores y de incentivos a los deportistas. “Si los atletas bolivianos deben luchar contra viento y marea para conseguir financiamiento para su preparación, tampoco cuentan con un reconocimiento económico a sus logros, ya que Bolivia es uno de los pocos países que no otorga retribuciones por una medalla deportiva”, concluye el texto firmado por Jorge Quisque. El camino está por delante.

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