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EVANIA GARCÍA

El nuevo significado de "cruzazulear"

El nuevo Cruz Azul, el del Apertura 2018, ya no es de pechos fríos. 'La Máquina' va por el buen camino y ha vuelto a ilusionar a sus aficionados.

MéxicoActualizado a

Los aficionados de Cruz Azul somos un género raro en el mundo del fútbol. Porque aunque muchos lo crean, no nos acostumbramos al fracaso, somos los ilusos, los crédulos y los masoquistas. Estamos preparados para resetearnos cada torneo, olvidamos los malos resultados y renovamos la ilusión de ser campeones, una, otra y otra vez desde hace 21 años; soñamos con volver a la época gloriosa de los 70 y de por fin dejar atrás las burlas.

Yo soy una de esas incomprensibles seguidoras de Cruz Azul que nunca ha disfrutado de verlos levantar un título de liga, porque en el último (1997) tenía 8 años y todavía no me interesaba ningún equipo. Fue en el 2001 cuando comencé a enamorarme del color celeste, cuando todo México vibró con La Máquina de Francisco Palencia, Julio César Pinheiro, Óscar Pérez, José Cardozo (refuerzo para ese torneo) y compañía, en su memorable participación en la Copa Libertadores, siendo el primer equipo mexicano que llegó a una final del torneo continental y en donde le plantó cara a Boca Juniors en la mismísima "Bombonera", y aunque, no ganaron la copa, ese equipo dejó huella de cómo se debe pelear por el escudo cementero.

Sin embargo, la grandeza de 'La Máquina' viene de más atrás. Todo empezó con el primer título en la temporada 1968-1969 (3-2 ante León), al que le siguieron seis campeonatos más (1971-1972,1972-1973, 1973-1974, 1978-1979, 1979-1980 e Invierno 1997) incluyendo un bicampeonato y un tricampeonato, siendo todavía el único equipo que ostenta tres títulos seguidos del torneo mexicano.

Desagraciadamente esas alegrías quedaron atrás, al igual que los Miguel Marín, los ‘Kalimán’ Guzmán, los Carlos Hermosillo, que se dejaban la piel en la cancha. En los últimos años ha sido la misma historia: un Cruz Azul que hace buenos torneos, llega a ser líder, pero queda eliminado en la Liguilla. O bien, llega a una final y la pierde de manera insólita ante el acérrimo rival como sucedió en el Clausura 2013 ante América, como si de una maldición se tratara. En resumen “cruzazulearla” torneo tras torneo. Sí, esa palabra que comenzó a sonar precisamente en esa final y que se ha ido acrecentando con cada fracaso.

“Cruzazulear” es un término ya mundialmente conocido, ese que todo aficionado al fútbol utiliza para burlarse de los seguidores de La Máquina, y que incluso, alguna vez en broma, el diccionario Larousse definió como: 1. Ganar continuamente para perderlo todo, 2. Perder con torpeza sorprendente, 3. Estar cerca, muy cerca de un título sin conseguirlo, 4. Nada de lo anterior es cierto.

Y bueno…así han pasado los años, entre derrotas, lágrimas y decepciones, con un desfile infinito de jugadores, técnicos y directores deportivos por La Noria, incapaces de lograr la novena estrella. Hasta que comenzamos a ver la luz al final del túnel, cuando el técnico español Paco Jémez calificó a los cementeros a la Liguilla en el Apertura 2017, tras tres años de ausencia. No pasaron de Cuartos de Final, pero en ese torneo se comenzó a fraguar el cambio. Para este Clausura 2018, el portugués Pedro Caixinha tomó el relevo en el timón de 'La Máquina', con una filosofía parecida a la del español, basada en la disciplina y la motivación.

Pero la verdadera revolución cementera comenzó con la contratación de Ricardo Peláez como director Deportivo, para mí, la mejor decisión que ha tomado en años la directiva cementera. Porque aparte de ser un hombre comprometido, motivador, con objetivos claros, sabe mucho de fútbol y siempre trae un proyecto a corto, medio y largo plazo. Así es que, dejemos de lado el color amarillo con el que se le identifica, hoy viste de azul.

El buen trabajo de la mancuerna Peláez-Caixinha comenzó a ser visible desde la pretemporada con fichajes de calidad, encabezados por Elías Hernández y Pablo Aguilar, además de Milton Caraglio, Iván Marcone, Igor Lichnovski, Andrés Rentería, Roberto Alvarado, Misael Domínguez, Antonio Sánchez y Martín Zúñiga, adelantándose incluso al draft, cosa que antes era inimaginable. Los refuerzos llegaban con el torneo ya en curso y debutan pasada la jornada 5, lo que mermaba claramente el rendimiento del equipo.

Hay tres refuerzos que destacan en este plantel: Pablo Aguilar le ha dado solidez a la defensa cementera, que era algo de lo que carecía anteriormente; Iván Marcone le da solvencia al medio campo, recupera, encuentra espacios, tiene anticipación y sabe conectar perfectamente con los jugadores de delante; y Elías Hernández, que se ha cansado de demostrar su talento en el fútbol mexicano, con una gran técnica, tiene drible, golpeo y visión de juego. Estos futbolistas han venido a enriquecer la escuadra celeste que de por sí ya era de calidad, sólo había que demostrarla.

El nuevo Cruz Azul, el del Apertura 2018 ya no es de pechos fríos, ya no es ese equipo que se desmorona en los últimos minutos, el que no sabe mantener el resultado. Al nuevo Cruz Azul le corre sangre en las venas, tiene mentalidad ganadora, resiste en los momentos de presión y están conscientes del escudo que traen en el pecho. Así lo demostraron en el último partido de Liga, ante Xolos, en el que jugaron 70 minutos con un hombre menos, por la expulsión de Pablo Aguilar al 21', y aún así los hombres de Caixhina no se dieron por vencidos, presionaron hasta que Gerardo Flores logró el empate.

Finalmente, 'La Máquina' va por el buen camino. Con 10 partidos sin perder, como sublíder general, invictos en Liga y Copa, pero sobre todo con mentalidad ganadora y buen fútbol, el equipo cementero está redefiniendo el verbo “cruzazulear”. Así es que les tengo una noticia amigos: el gigante ha despertado.

“Cruzazulear” ahora será sinónimo de lucha, de nunca rendirse, de mostrar actitud ante la adversidad y de salir airosos de cada desafío y los culpables de eso se llaman Ricardo Peláez y Pedro Caixinha, esos que han sido capaces de hacer resurgir incluso a Martín Cauteruccio, que en los campeonatos anteriores pasó sin pena ni gloria.

La mesa está puesta para lograr el ansiado título. Se regresó al Estadio Azteca, recinto de las viejas glorias de 'La Máquina', la mentalidad está cambiando, hay un buen plantel, se tienen buenos dirigentes y la afición como siempre los acompaña. Aún falta mucha Liga, mucho trabajo y todavía más qué demostrar, pero aficionados celestes, siéntanse orgullosos de este plantel que está abriendo la puerta a algo grande. “Por qué si no es hoy, será mañana”

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