Los mexicanos que sí hacen 'cosas chingonas' en Rusia

Mundial

Los mexicanos que sí hacen 'cosas chingonas' en Rusia

REPORTAJE | MUNDIAL 2018

Los mexicanos que sí hacen 'cosas chingonas' en Rusia

Un apasionado de las relaciones diplomáticas México-Rusia, una bailarina graduada en el Bolshoi, un ingeniero que trabaja para establecer una base en la Luna. Historias de mexicanos que trascienden el Mundial.

Llegaron los mexicanos. La ola verde por las calles. Las banderas tricolor que ondeaban orgullosas por la calle Nikólskaya, la Plaza Roja, los puentes sobre el Moscova, los linderos del Bolshoi, Luzhniki y el Kremlin. El canturreo melancólico, enternecedor, del 'Cielito Lindo', corazones aporreados, y 'Adiós amor, me voy de ti'. Los sombreros danzantes, los jorongos empapados en vodka, las voces carrasposas, la añoranza por el triunfo furtivo y la derrota inminente, habitual, indigna. Llegaron los mexicanos. 40,000. Y entonaron el himno, el grito de guerra, el acero aprestad y el bridón, en Luzhinki con la furia de mil derrotas a vengar. Era Moscú, pero era México. 

Y se marcharon los mexicanos. Tras la invasión, se (nos) ha acabado el Mundial. No quedan más que las calles en cirílico, heladas en invierno, y el eco del canturreo y la alegría. Llegaron 40,000, pero se quedan 400. Ya estaban ahí y seguirán ahí. Y algunos volverán a México, algún día, cuando su aventura haya terminado. Ajenos al ajetreo de los días de Mundial, trazan puentes entre dos pueblos tan distantes como admirados entre sí, danzan al compás de Tchaikovsky, o imaginan a cinco hombres en la luna. Los mexicanos que no vuelven de Rusia después del Mundial. Tres historias de un entramado. Todos coinciden en el choque cultural, la nostalgia por la comida, la batalla por la integración, contra la soledad y el idioma, el calor del hogar, la belleza del país, sus mitos derrumbados, el crudo invierno, el ansia por volver a su tierra y apoyar a su desarrollo desde su trinchera particular, en la seriedad rusa como fachada, la rectitud y el carácter tosco, y en la calidez y lealtad de su amistad. No hay mejor amigo que el ruso, coinciden. Aquí no hay barreras psicológicas. Tres historias que aman dos países. Tres historias que sí hacen "cosas chingonas".

Juan Antonio Carmona García | Presidente de la Asociación de Estudiantes Mexicanos en MGIMO

"Llegue a Moscú hace dos años, para hacer la maestría en el Instituto Estatal de Relaciones Internacionales. Vine a estudiar el posgrado con una beca del banco de México y fue una gran oportunidad, porque esta universidad hay pocos estudiantes que pueden ingresar porque es parte del Ministerio de Asuntos Exteriores; no hay un historial grande de estudiantes que hayan pasado por el Instituto. (Antonio, licenciado en Relaciones Internacionales por la UVM, terminó hace un mes su maestría en Asuntos globales y Gobernanza; falta el proceso de titulación, la burocracia). Hice mis prácticas en la embajada mexicana en Rusia. Luego, me surgió una iniciativa de crear un grupo de mexicanos que estuviéramos en Moscú estudiando. Creamos la Asociación de Estudiantes Mexicanos. Eso ayudó mucho a que trabajamos junto con la embajada de México y con la escuela para tener convenios y que más mexicanos vinieran. El siguiente paso es hacer el examen del Servicio Exterior Mexicano, para no ser un empleado local, sino un miembro del cuerpo diplomático. Mi máximo sería ser un embajador. Agregado cultural, cónsul... Es un camino largo que quiero empezar. El examen se hace cada año. Es un sueño para todo internacionalista ser un diplomático.

En Rusia, al llegar a estudiar, vivía en un dormitorio para estudiantes de la universidad. Ahí fue la razón de todo el shock cultural con el que Rusia te recibe porque no es todavía un país preparado para estar en un esquema demasiado internacional. En ámbitos como recibir la Copa del Mundo, otros eventos, tal vez sí, pero en las Universidades muchos programas aún son en ruso. El llegar y que todo te lo expliquen en ruso, que te den la bienvenida muy al estilo ruso, con mucha seriedad, muy tajantes. Las condiciones de los edificios donde los estudiantes dormimos tienen fama de que son construcciones del periodo soviético: vives en un ambiente casi comunista, compartiendo el cuarto de pocos metros cuadrados con una, dos, tres personas; la cocina se comparte con 40 estudiantes, todos internacionales, pero la mayoría son del espacio post-soviético. En un proceso de menos de una semana, ya estaba casi haciendo buenas amistades y eso es algo de lo que me llevo de aquí. La amistad rusa es lo que más me impactó. En la primera impresión, cuando hablas con un local, o tratas de empezar una conversación, es difícil. La cara, la presencia que tienen es dura, con una línea difícil de cruzar, pero cuando llegas a cruzar esa línea, cuando existe una relación de amistad, es de las más honestas, verdaderas...

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¿Sabes? Al ruso le preguntas sobre México y sus primeras palabras son 'playa, calor, sombreros, chile'. Por otro lado, tienes al ruso académico que está muy enterado con conocimientos sobre la situación actual de México y la historia. Hay muchos rusos que conocen mucho porque están recibiendo una educación especializada en América Latina; muchos escogen estudiar español y fue impresionante ver que una persona de aquí y te empieza a contar sobre la Revolución (Mexicana). A los rusos les interesamos, les gustamos. Eso sí, al día de hoy me cuesta mucho el carácter ruso. Sus respuestas son tajantes y directas. Nosotros, como latinos, damos mucha vuelta para decir algo, o somos más delicados cuando estamos en una conversación.

¿Que si voy a regresar a México? Claro, ya que extraño todo, sobre todo la comida. Una razón por la que vine a Rusia es porque creo firmemente en las relaciones que se están fortaleciendo actualmente entre México y Rusia. Otro motivo de verme aquí es que hay muchas cosas que hacer; aquí en Rusia es una ventana de oportunidad en la que quiero contribuir. No planeo hacer aquí mi vida, porque es un país en un proceso de crecimiento, adaptándose a los retos y conflictos que existen tanto con la idea de la rusofobia, problemas con el esquema de Occidente, pero es algo en lo que están trabajando. Estamos aquí para aprender y para puedan aprender de nosotros. Es lo que más me llena de alegría. El enseñar mi cultura... Cinco años, sí, en cinco años, un aproximado, quizá sea menos. Quizá".

(Antonio ya ha logrado enviar a dos estudiantes rusos al Instituto Politécnico Nacional. Además, ha establecido convenios con universidades rusas y mexicanas para fomentar el intercambio cultural entre ambas naciones. No es un trabajo que reditúe económicamente. Pero "la comunidad es lo más importante)

María Mayela Marcos | Bailarina de Ballet graduada del Bolshoi

"Soy solista de la compañía del Ballet Imperial de Rusia, fundada por Maya Plisetskaya y viajamos por todo el mundo. En México inicié en la Escuela Rusa de Ballet clásico con la maestra Irina Provorova. Eso fue cuando tenía cuatro años, porque a mamá no le gustaba que estuviéramos en la casa viendo la tele y sin hacer nada. Y nos puso a escoger una actividad. Yo escogí patinaje, pero me enfermaba mucho y mi hermana mayor escogió ballet. No me gustaba nada. A mi maestra le decía que venía porque mamá no tenía con quién dejarme, pero no era cierto. En los cursos siempre hacíamos una función de ballet. Me gustaba mucho estar en el escenario, bailar, el recibir los aplausos del público; una vez le dije a mamá ‘esto es lo que quiero hacer de grande’, pero a una niña de cuatro años no la toman muy en serio. Luego pasé la audición en la Escuela Superior de Música y Danza de Monterrey (ciudad en la que nació 'Maye'), para la licenciatura en danza clásica. Hice la audición y la pasé. Quedamos 12 y de mi generación solo nos graduamos dos chicas. Cuando acabé la carrera, mi madre me dijo ‘la que sigue’. Y fui a la ‘Scala’ de Milán y en la Escuela del Bolshoi en Moscú. Hice los tres años de especialidad de arte y coreografía en el Bolshoi y me gradué. Me ofrecieron contratos para varias compañías; uno, como solista en Astracán pero no me gustó mucho la ciudad después de un año y luego me incorporé con el Ballet Imperial de Rusia (Ha hecho funciones en más de 30 países; en una gira de tres meses en Australia y Nueva Zelanda bailó en 60). Como me gradué con excelencia en el Bolshoi me ofrecieron hacer la maestría. 

Mira, cuando entré al Bolshoi sentí el celo profesional por ser la extranjera, Es más común que solo bailen los rusos. No le dan prioridad a los extranjeros en los ballets locales. Sentía celo de que ‘la mexicana está ocupando nuestros lugares’, pero cuando llegué al Ballet Imperial de Rusia, el ambiente me gustó más, es más amigable. Son como mi familia, como mis hermanos. Y aman a México. En 2015 me invitó el Ballet Nacional de San Petersburgo a una gira por México y después mis compañeros decían ‘hagan una gira por México, aunque no nos paguen, pero ‘háganla’. Les encanta la calidad de la gente. La amabilidad. Nos ha tocado ir a otros países y si no hablas el idioma y no se preocupan por entenderte. Pero en México es diferente... Y mi familia, la verdad la extraño mucho. Cuando me fui, tenía 17 años y sin saber ni una palabra de ruso. En los internados nadie hablaba inglés y lloraba todos los días. Es un sacrificio muy grande pero cuando tienes un sueño, todo es superable. Hasta el frío. Cuando llegué, solo podían verme los ojos, porque tenía los térmicos puestos. El primer invierno la temperatura fue de -28. Vivía en el internado del Bolshoi y no pude ir al supermercado. Hacía demasiado frío (Ríe). Pues ahora el termostato del cuerpo ya se aclimató a Rusia.

La gente dice que los rusos son muy amargados. Y no es cierto, son muy serios, pero son muy buenas personas. Una vez que un ruso se vuelve un amigo, lo vas a tener toda la vida y para lo que necesites, siempre van a a estar. Los rusos son amigos de verdad. Hay una tradición muy bonita que es antes de la Cuaresma, el Domingo del Perdón, que tú le hablas a tus amigos y les dices ‘te perdono y te pido perdón, porque es más difícil perdonar que pedir perdón’. Ahora, cuando vuelva a México, me gustaría poner una escuela y todos los conocimientos que he adquirido estos nueve años en Rusia transmitirlos a mi gente. Que no sea solamente una mexicana bailando en Rusia. Los mexicanos somos muy fregones. Sí podemos, que no solo sean asiáticos o rusos. Hay mucho talento en México, pero las familias de los niños con talento no tienen recursos para mandarlos a otra parte, o el gobierno no los apoya. Hay mucha gente que se queda en el camino. La carrera de un bailarín no es barata. Tienes que sacrificar muchas cosas. Me gustaría hacer una fundación para apoyar a todos esos niños".

(¿Cómo llegó 'Maye' al Bolshoi? En 2005 estuvo en el Ballet Nacional de Rusia. Vio a su bailarina favorita, Svetlana Zajárova, interpretando 'El Quijote'. Fascinada, dijo a su madre: 'Algún día bailaré aquí'. En el Bolshoi han estado los mejores bailarines del mundo y la historia.  Hoy, es la primera y única mexicana en pasar por el Bolshoi. Y, actualmente, la única mexicana que danza en el mítico Ballet Imperial)

Aaron Garduño Rodríguez | Estudiante en MATI de Sistemas de cohetes y cosmonáutica

"Terminé la maestría en Instituto de Aviación de Moscú. Es de sistemas de cohetes y cosmonáutica. Mi graduación fue el viernes 6 de julio. En México, estudié la licenciatura en el Instituto Politécnico Nacional, ingeniería biomédica. Ahí conocí a un profesor que tuvo la fortuna de estudiar en la URSS en los años 60. Era promotor activo de enviar a jóvenes talentos a Rusia a través de una agencia de cooperación científica por parte del gobierno ruso. Estuve luchando por la beca tres veces y la tercera fue la vencida. Llegué en octubre de 2014. Vivo en un piso, cerca de Sheremétievo (el aeropuerto del norte de Moscú) con un chico ruso y un sudafricano. La gente me ve raro porque uno se da a notar por ser mexicano. Tienen la particularidad de que no confían a la primera, pero cuando te conocen un poco más te abren su corazón.

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Estoy haciendo estudios de doctorado en el mismo Instituto para sistemas de soporte de vida, para la base lunar que construirá Rusia en 2030. Participo en el diseño de la telemedicina y el equipo médico. Estamos en la primera etapa que es construir el cohete que llevará los instrumentos y materiales de construcción que se usarán en la base lunar. Esto se planea para 2020. Paralelamente, ahora está entrenado un equipo de cinco cosmonautas que van a vivir en la base lunar y ellos deberán habitar la base en 2030. Van a empezar cinco cosmonautas y se ampliara a una planilla de 10. Es un proyecto muy importantes pues, hace tiempo, los rusos enviaron a los 'rovers’, vehículos no tripulados, computarizados, desde un centro de control en la Tierra, para tomar muestras del suelo lunar; eso data de 1970 y, desde ahí, no volvieron a hacer otros estudios. Tuvieron intención de mandar un hombre a la luna; de hecho, los cohetes que estaban diseñados para llevar al hombre (N1) fallaron. La Agencia Europea Espacial tiene planeada una base lunar en el año 2035, al igual que China y Estados Unidos. Se va a construir la base lunar como un centro de despegue para misiones interplanetarias. Como un puerto a donde llegarán las naves, se van a abastecer de combustibles, víveres, y viajarán a otros rincones del cosmos. Es muy emocionante.

Cualquier adaptación es difícil al inicio. Llegué aquí sin saber ruso. Llegué a una ciudad que se llama Voronezh (sur de Rusia, cerca de la frontera con Ucrania). Ahí tienen fábricas de construcción de cohetes de aviones, tienen una central eléctrica nuclear, era una ciudad muy cerrada, como su gente. Cuando uno no sabe el idioma, es difícil. Pero uno se adapta y reconoce las limitaciones que tiene para adaptarse. Lo primero que fue aprender ruso. Fue mu bonito poder adaptarme a la vida rusa. Me considero un hijo más de Rusia. Eso sí, la comida es lo que más extraño. Aquí es una comida muy insípida, pero muy sana. ¿Los rusos? Creí que eran muy fríos. Y lo son. Pero cuando uno los conoce bien son muy cálidos y leales. Tienen una costumbre de no confiar a la primera, discrepan mucho con la ideología occidental: dicen que somos dos caras, que damos una y escondemos otra. Les cuesta trabajo confiar.

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Mi máximo sueño es volar al espacio. Ojalá, un día. Mi plan a futuro inmediato es continuar el doctorado. Son cuatro años. Creo que van a ser muy difíciles, desveladas, conflictos con los profesores, porque aquí hay que argumentar todo, es parte de su cultura. Y después planeo volver a México y ayudar a mi país. La situación que padece México es que mucha gente no tienen las mismas oportunidades. Me siento mal por eso; quiero ayudar a los jóvenes a que se superen y que se promuevan políticas para garantizar el derecho a estudiar. Con el nuevo cambio de gobierno, creo que debemos de exigir más que se apoye a la ciencia y la tecnología. Es la única forma de avanzar como país".

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