BARCELONA 74- REAL MADRID 101

El Madrid de Ayón toma revancha y elimina al Barça de la Euroliga

Segunda victoria más amplia de siempre del equipo blanco en Barcelona. Campazzo dirigió la nave, Carroll rompió y Randolph mostró su mejor nivel. Gran regreso europeo de Ayón.

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Dicen que para que una revancha sea efectiva debe haber cosas similares en juego. Esta vez no había título en liza, pero el Madrid logró un triunfo clave para sus aspiraciones en la Euroliga y se pone de nuevo cuarto, lo que le daría el factor cancha en el playoff a la espera de recibir al Fenerbahçe y al Panathinaikos las dos próximas semanas. De paso, también, elimina al Barcelona de la competición, porque aunque lo gane todo ya no puede sumar más de 14 victorias. Insuficientes. Reduce además la efervescencia del efecto Pesic por la contundencia del triunfo: 74-101, un +27 que es la segunda mayor paliza blanca de siempre en pista culé. Por detrás del 63-102 de noviembre de 2016 y por delante del 67-90 de febrero de 1968. Los de Laso fueron una máquina perfecta de jugar al baloncesto, defensa y ataque, y su capitán, Felipe Reyes, se acercó a un nuevo hito: 13 puntos que le dejan a solo uno de los 2.807 de Teodosic, tercer máximo encestador histórico de la Euroliga tras Navarro y Spanoulis.

El Madrid tenía aún en carne viva la herida de la Copa, fresco cada recuerdo amargo del torneo del KO. Y salió así con el corazón en la mano, a demostrar lo que pudo ser y no fue. Retrocedió cinco días en el calendario y se vio en la prórroga de la final, en la prolongación de aquel cuarto periodo mágico en el que sumó 38 puntos y se quedó a un triple de remontar 17 en ocho minutos. "Me han dicho algunos jugadores que quieren enfrentarse ya otra vez con el Barcelona", reconocía Pablo Laso el domingo tras la derrota. Y ese deseo aguantó cinco días en el tiempo sin bajar un ápice de intensidad.

Se abrió el portón y la embestida removió los cimientos del Palau, de una grada que no estaba preparada para lo que se le venía encima. Minutos antes había festejado el primer título azulgrana en tres años tras una metamorfosis inopinada en solo una semana, al calor del efecto Pesic. Una Copa que supo a gloria. Este viernes, en cambio, el equipo no tenía ni el deseo ni la mentalidad ni los efectivos. Porque Pau Ribas, Sanders y Oriola, tres de sus mejores defensores, estuvieron ausentes, de baja. La resaca copera.

Avalancha blanca

El Real arrancó 0-9 y se puso ya en el acto inicial veinte arriba: 10-30 y -2 a 43 en valoración. Aguantó en el segundo cuarto (22-22) y firmó un 22-31 en el tercero, en el peor partido de Doncic en esta Euroliga, incluido el del Valencia, donde acabó expulsado y jugó solo siete minutos. El quinteto inicial, el que formaron Campazzo, Carroll, Taylor, Randolph y Tavares, actuó como una máquina de precisión. Fue el mismo que rompió definitivamente el duelo en el tercer periodo. Vimos pletórico a Carroll, certero y veloz, magnífico de piernas. Y vimos al mejor Randolph desde octubre, completísimo y desequilibrante otra vez. Y también al Campazzo decisivo de las últimas semanas (9 asistencias y 24 de valoración). Y a Taylor robar y correr. Y al Titán Ayón de vuelta, mate incluido (10 puntos, 8 rebotes y 3 asistencias). Incluso Causeur clavó dos triples desde la esquina donde erró el de la Copa.

La defensa mueve el mundo en el baloncesto, enésima demostración, y a partir de ahí fluyó el talento visitante. La brecha entre los dos grandes resultó sideral y tocó los 32 puntos (64-96). El Madrid logró 14 canastas y 13 rebotes más, repartió 25 asistencias y solo extravió ocho balones (el primero, en el segundo cuarto) para una valoración final de 70-131. No hubo color. Revancha, aunque sin título.