Sarah y Lasse, madre e hijo, una historia única en los Juegos Olímpicos de Invierno
Una de las grandes historias de los Juegos Olímpicos de Invierno es mexicana. Sarah Schleper será la atleta con más apariciones de todos los tiempos. Lasse, el primero en competir en la misma edición que su madre.


- Cuando Lasse está en la pista, me pongo mucho más nerviosa. ¿Grito por ti?
Le preguntó Sarah a Lasse con el clásico tono de una madre molestona.
- Sí, bastante, bastante
Se respondió ella misma ante el silencio de un hijo sonrojado.
- Sí, soy su entrenadora, pero también soy su mamá, entonces no hay manera de quitar el que quieras que tu hijo gane, confesó Sarah Schleper con el cariño genuino de una madre.
- “Es mucha presión, sin duda, y es algo con lo que he tenido que lidiar toda mi vida. Es decir: ‘¡Oh! Tu madre es tan buena, es campeona del mundo, ha hecho cosas increíbles en este deporte’. Ya no me pone tan nervioso, pero antes sí. Siento que estamos separados, pero que a la vez vamos juntos y sólo tenemos que esquiar, ¿sabes? Solo tenemos que esquiar... Eso es todo lo que podemos hacer", respondió Lasse Gaxiola, con la admiración natural de un hijo a su progenitora.
Milano Cortina 2026 vivirá historia pura cuando el turno del esquí alpino llegue. Por primera vez en los registros (tanto en Juegos Olímpicos de Invierno, como en JJ.OO de verano) madre e hijo competirán, cada uno en su respectiva categoría, dentro de la misma edición. Lo mejor del suceso (que en próximos días se convertirá en hazaña) es conocer que lo harán en representación de nada más y nada menos, que México.

Sarah Schleper, esquiadora profesional con más de 30 años de experiencia, está a punto de escribir su nombre con letras doradas en los libros. La primera deportista de la historia siete veces olímpica en esquí alpino (cuatro con Estados Unidos); la mujer de mayor edad que participe en este deporte (46 años); y la primera mujer que represente a México en tres justas invernales (2018, 2022 y 2026). Récord tras récord. Sin embargo, nada se compara con ser también la primera que compita junto a su hijo.
“Era mi sueño ir juntos y él lo cumplió para mi”
En exclusiva con AS US Latino, Sarah se abrió, no como competidora, sino como madre, sobre lo que representa compartir un escenario así, con quien desde niño la acompaña en su más grande pasión: “Echamos un par de gritos, estamos muy felices. Eran muchos años preparándonos, entrenando, subiendo pesas, corriendo, andando en bici, comiendo bien. Lasse empezó con cuatro años en el esquí alpino y sí, estoy muy agradecida porque era mi sueño el ir juntos y él lo cumplió para mí. Qué honor poder competir al lado de mi hijo. Es una meta de la familia y es muy especial; me siento feliz y muy orgullosa de él, es un honor”, dijo Sarah con la voz entrecortada.
Ante la mirada conmovida de mamá, la respuesta de un hijo que trata de hacer un poco menos nostálgico el momento. Lasse, quien estaba a su lado, no se limitó cuando, entre broma y broma mencionó la admiración y respeto que tiene por Sarah y lo que hace. A sus apenas 17 años respondió tan maduro como él mismo y dejó claro que, si para algo estaba listo, era para poner en práctica lo que desde niño, aprendió de su madre.
“Siempre he querido estar a la par de ella. Siempre he sido un gato intentando alcanzarla, ¡Siempre lo he sido! A veces entrenamos juntos e intento ganarle; he intentado ver si puedo esquiar más rápido que ella desde pequeño, y ha sido como en los últimos tres años cuando finalmente he empezado a superarla un poco"(...)

“Sé que no estará de acuerdo (mencionó entre risas), pero siento que la he alcanzado y me ha llevado mucho tiempo. Creo que puedo porque ella tiene la técnica, pero yo puedo dominarla un poco con fuerza. -’Sí, él me gana ahora’ (interrumpió Sarah con un gesto de orgullo en su rostro). Creo que yo le gano ahora, creo que finalmente le gano”, añadió entre risas, pero con tono también emotivo, aquel niño de dos años que se deslizaba con mamá en el Mundial del 2011.
Competir para un país que no te vio nacer
Estadounidense de nacimiento, alemana por herencia, pero mexicana por elección; Sarah es consciente de lo que representa haberse naturalizado, y se muestra orgullosa de la decisión que tomó: “Nos encanta vivir en México, pero no hay nieve, entonces no podemos entrenar; después, seguro, vamos a vivir en México. Voy a los Juegos con la bandera mexicana y siento en mi corazón que sí puedo hacerlo; por mi familia política, mi esposo, mis hijos y el amor que tengo por el país, quiero que sea la bandera de México en los Juegos Olímpicos de invierno, es importante para mí. No tengo a México en mi sangre, pero voy por México que es el país más fabuloso de todo el mundo y estoy muy orgullosa".
Bajo un mismo cariño e identidad, aunque aquí sí con genes ‘tricolores’ de por medio, Lasse, nacido en Denver, Colorado, no tuvo temor al decir, pese a los orígenes maternos, se siente y se sabe 100% mexicano: “Es muy especial representar a México porque el país es muy diferente a otros lugares. Tener familia que me apoya y me ama... me siento mexicano al 100%. Soy mexicano y amo representar a México en los Juegos de Invierno, porque no hay nieve en México, es algo que no existe. Me gusta enseñar qué fabulosa es la nieve. Hay diferentes cosas y México es fabuloso".

Un milagro que ya se cumplió
En 2022, previo a la justa invernal de Pekín, en entrevista también para el AS, Sarah comentó, sin presiones, ni ejercicios profundos de consciencia, que ante la dificultad que representa competirle a las grandes potencias, ella iba con objetivos distintos, aunque eso sí, a la espera de un milagro que cambiara su destino: “Estoy a la mitad del ranking. Mi meta es ir y esquiar la pista. Relajarme, ir sin miedo, sin dudas. Esquiar tan rápido como pueda. No sé… los milagros pasan”. Cuatro años después, el milagro ya pasó.
La pregunta fue la misma. ¿Es hora de un milagro? Su respuesta, con una visión diferente, y a sabiendas de ya haberse realizado en esta vida, dijo con una calma casi palpable: “Todavía estoy pensando en un milagro. No sé si es mi camino; fuimos a ver a la Virgencita de Guadalupe, a pedir, pero más bien, el milagro para mi es que mi hijo va también; ese es el milagro”.
Noticias relacionadas
Como cualquier hijo, Lasse va con la presión de no querer fallarle a su madre. Sarah, pase lo que pase, estará orgullosa de su hijo. Ambos ya ganaron por tener a su más grande aliado en el mismo lugar. No obstante, lo que en verdad los hace afortunados, es la pasión que comparten por el mismo deporte, la admiración que sienten mutuamente al verse en acción y el amor, que sin importar los resultados, jamás dejará de estar.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí.
Rellene su nombre y apellidos para comentar