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El ¿error? de Codesal y la furia de Maradona

En una de las decisiones más controversiales de la historia del fútbol, Edgardo Codesal concedió un penalti decisivo a Alemania en la final de Italia ‘90.

Ciudad de MéxicoActualizado a
El ¿error? de Codesal y la furia de Maradona
Explosión Sandía

No le pasaba nada a la final del Mundial de Italia ‘90. Nada es nada. Un tiro a puerta en 90 minutos: la bolea zurda de Andreas Brehme que Sergio Goycochea espantó con apuros mientras el once de Bilardo salía en línea recta para pillar en offside a media Alemania. Y seguía sin pasar nada. Maradona, enjaulado. Völler, ensimismado. ‘Goyco’ y Illgner, espectadores a nivel de cancha. El partido se perdía en la monotonía; se diluía en la niebla romana, en la cansina voz de Marcelo Araujo. Y, de pronto, Matthäus agujeró el escudo de titanio bilardista: ninguna camiseta azul marino le custodiaba ni a cinco metros a la redonda por vez primera en la noche. Con eso fue suficiente.

Andreas Brehme - Final de Italia 1990, Alemania vs. Argentina: Penalti dudoso contra Argentina señalado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal. Fue clave para el título de Alemania Occidental por tercera vez en la historia.
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Andreas Brehme - Final de Italia 1990, Alemania vs. Argentina: Penalti dudoso contra Argentina señalado por el árbitro mexicano Edgardo Codesal. Fue clave para el título de Alemania Occidental por tercera vez en la historia.AFP

Matthäus, el capitán, el futuro ‘Cinco Copas’, avanzó a trancas entre el oasis y con finura cortó la pelota con la punta del botín derecho. La raya cruzó los pelotones argentinos hasta que Völler la recogió con el pie derecho mientras cubría su posición de la embestida de Sensini. Nadie como Rudi para proteger la redonda. Sensini cayó en la trampa: su pierna derecha, endilgada, recta como una flecha, cruzó la trayectoria por la que la mole de Völler insinuaba proseguir con la pelota engullida. Después de mil repeticiones y 32 años, las propiedades ilegales del contacto siguen sin quedar de manifiesto. Edgardo Codesal, uruguayo nacionalizado mexicano, es la única persona sobre la faz de la tierra que no tuvo dudas. Y sigue sin tenerlas. Hay debates irresolubles: la existencia de Dios, la vida después de la muerte, la expansión del cosmos, el penalti de Codesal.

Maradona siempre se refirió al árbitro como un “ladrón”. Esa fue, de hecho, la manera más amable en la que lo describió. “Lloré mucho por culpa de Codesal. Ojo, tampoco me río de la mala salud de nadie. A nadie le gusta estar enfermo. Pero... si le tocó, por algo fue”, declaró ‘El Diez’ en 2018, mientras dirigía a Dorados de Sinaloa, al entrarse de los problemas médicos del juez que dictó su sentencia en 1990. “¿Aquí es tierra de ladrones?”, soltó cuando visitó Querétaro, ciudad en la que radica Codesal. Lo cierto es que aún quedaba por cobrar el tiro; Codesal no decretó el gol directamente. Brehme asumió la responsabilidad. Con esa insondable frialdad tan germánica, el lateral interista no golpeó la pelota, la acarició con el borde interno, y la hizo guardar en el costado derecho de la red de ‘Goyco’; se le alejaba cada vez más mientras parecía acercarse a ella.

En la Final del Mundial 1990, el árbitro naturalizado mexicano expulsó a los argentinos Pedro Monzón y Gustavo Dezotti y a Maradona le mostró una amarilla que varios pedían como roja.
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En la Final del Mundial 1990, el árbitro naturalizado mexicano expulsó a los argentinos Pedro Monzón y Gustavo Dezotti y a Maradona le mostró una amarilla que varios pedían como roja.

Sin perdón

Dos minutos después, Codesal despachó a Dezotti, quien había tackleado a Völler, y sofocó la furia de Diego con una tarjeta amarilla. Casi se la restriega en la cara. “Debí haberlo expulsado”, dijo años después. “Lo contemplé como un excelente jugador, pero como persona fue una de las peores que conocí en mi vida”, agregó a Olé en abril de 2020. Maradona lloró y lloró mientras los alemanes, que no volverían a ser federales, se fundían en abrazos de unificación y reconciliación. Mientras un país se perdonaba a sí mismo, un jugador y un árbitro se juraban enemistad eterna.

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